"INAC debería convertirse en un Instituto de Promoción para la Carne"
Indicó que «en el tema de la carne debemos consolidar una estrategia a largo plazo» acotando que las cadenas agroindustriales «están convocadas a desarrollar la tarea de tracción económica y de integración social».
Este es parte del diálogo mantenido con López.
¿Qué aspectos considera perentorios para definir una mejor inserción externa de la cadena agroindustrial de la carne vacuna?
Por un lado, es interesante la experiencia de transformación que en los últimos quince años operó el complejo cárnico en el Uruguay. En ese sentido las cifras son categóricas, pero hay que destacar que esa transformación ha sido producto del establecimiento de reglas de juego claramente definidas para el sector y, consecuentemente, por la respuesta favorable que en términos productivos protagonizaron todos los actores del complejo.
Por otro, en cambio, tenemos un fuerte déficit en la transformación institucional de los organismos del Estado vinculados precisamente a dicha cadena productiva.
¿Qué queremos significar con esto? Se trata de la necesidad de redifinir el marco institucional que sea funcional con el grado de desarrollo alcanzado en términos productivos y comerciales por el sector. En tal sentido, se necesita racionalizar y hacer más eficiente el rol y la labor del Estado en el apoyo a la cadena agroindustrial de la carne.
Esa transformación, a mi juicio, deberá significar mejor coordinación y especialización de los organismos oficiales, con el fin de respaldar la política productiva y la dinámica que hoy caracteriza la nueva realidad del sector.
¿Cuáles serían esas transformaciones que Ud. menciona?
Necesariamente varias. Empiezo por señalar que el INAC debe ser transformado en un Instituto de Promoción para la Carne, cuya función se especializará en la inteligencia y acceso a los mercados.
De esto no caben dudas cuando exportamos el 75% de la producción de la carne en gancho que producimos y nos insertamos en los principales mercados del mundo. También creo que el nuevo instituto deberá depender de una labor coordinada y profesionalizada entre los ministerios de Economía y de Relaciones Exteriores.
Dicho instituto contaría, entre otros, con participación de los actores privados en un Consejo Asesor y dispondría de una ejecución gerencial dinámica en el terreno de las decisiones.
Por supuesto que todo esto contrasta con la realidad de un Ministerio de Ganadería que ostenta en nombre del Estado una total preeminencia en la política de carnes y sobre el conjunto de los actores de la cadena.
La realidad productiva y de inserción externa, la globalización, la especialización y el nuevo rol de los consumidores en el mundo, cambiaron sustancialmente las coordenadas del negocio cárnico, y por tanto dicho Ministerio deberá centrar sus cometidos en los aspectos más esenciales vinculados a su propia competencia con relación al sector primario.
¿A propósito de su planteamiento, cree que el documento sobre Estrategia de Desarrollo Productivo presentado por el gobierno podría ser un aliciente en esa dirección?
Dicho documento es enunciativo de un conjunto de propuestas, pero en la medida que se aterrice la discusión, en particular con relación a cada sector productivo, se comprenderá la urgencia de adoptar, como en el caso que nos ocupa, una serie de transformaciones.
En el tema de la carne debemos consolidar una estrategia a largo plazo. Eso pasa por alinear ciertos factores que son ineludibles. Tenemos que manejarnos a partir del tamaño y la escala, lo cual nos obliga a competir en los mercados con tres recursos: sanidad, trazabilidad y calidad.
Existe además un capítulo, dentro de esa visión estratégica, que es el relacionado con la necesidad de elevar a una categoría superior lo que significa la inversión y desarrollo, tanto básico como aplicado, de la investigación tecnológica en materia de producción y elaboración de nuestras carnes. Justamente, para diferenciar se necesita innovar en los elementos productivos, y para innovar se requiere invertir permanentemente en el conocimiento.
Finalmente quiero decir que en cuanto al diseño de un país productivo en serio, las cadenas agroindustriales están convocadas a desarrollar la tarea de tracción económica y de integración social, respondiendo a la capacidad de recursos naturales en toda la extensión del territorio y a la experiencia de sus principales actores: productores, industriales y trabajadores. *
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