La elección no es entre Estado Asociado o Estado Miembro Pleno sino cómo construir mayores grados de libertad con el mismo status
-¿El gobierno está ensayando alternativas a lo que pudiera ser un bloqueo al desarrollo soberano basado en la captación de IED activando ventajas competitivas en la región de orden «jurídico». En el nuevo escenario latinoamericano, ¿cuán importantes son realmente dichas ventajas?
-En mi opinión es un juicio muy duro e inexacto sostener que el Uruguay esta siendo sometido a un bloqueo de su desarrollo soberano. Más bien lo que está ocurriendo es que una serie de conflictos no están encontrando un camino visible de solución, generando una sensación de hastío respecto de las respuestas que la región le puede brindar al Uruguay en cuanto al anhelado desarrollo productivo. En particular el caso del conflicto con Argentina por la instalación de las plantas de celulosas en el margen oriental del río Uruguay, se destaca por el nivel de tensión creciente en el que el diferendo ambiental se viene desarrollando.
Pero se trata de un diferendo ambiental que debe ser situado en su debido contexto. Es necesario insistir en una salida negociada, la visión final de las características que debería tener la solución del problema no es tan distinta entre ambos gobiernos. Esto de algún modo es lógico se trata de gobiernos democráticos con plataformas políticas en muchos sentidos convergentes, y que ambos valoran de una forma moderna el crecimiento económico sustentable. Lo que está concentrando la discusión está más centrado en la forma en la cual se arriba a la solución que en el fondo de la misma. Si la salida negociada no prospera entonces ambos países deberían confiarse a los mecanismos ya establecidos de solución de las controversias en todos los ámbitos en las que las mismas se están estableciendo. No existe otra alternativa y esto es lo que es necesario recordar.
Respecto a la segunda parte de la pregunta diría que cualquier elemento de diferenciación positiva creíble en cuanto al acervo institucional, jurídico y de relaciones internacionales de un país influye al momento de la radicación de inversiones. Contar con acuerdos recíprocos de protección de inversiones, disponer de un amplio abanico de acuerdos comerciales preferenciales con terceros, tener un ambiente de seguridad jurídica y favorable al desarrollo de negocios por parte del sector privado, contar con un entorno de relaciones laborales predecibles, y de estabilidad macroeconómica global, son todos elementos que reducen el riesgo de la IED y en este sentido la promueven. Uruguay viene construyendo laboriosamente un paquete interesante en cuanto al valor adquirido por cada una de las variables antes consideradas pero queda aún mucho trabajo por realizar y existen algunas dimensiones en donde el desempeño aún no es del todo satisfactorio.
La política de promoción de la inversión tiene como sustento la necesidad de crear empleo a unos ritmos mayores que los históricos, de forma que desde la reactivación del mercado de trabajo se contribuya a recomponer los deteriorados niveles de integración social del país. Crear un puesto de trabajo requiere inversión, y más aún cuando se trata de crear nuevos puestos de trabajo de mejor calidad. En este sentido, inversión, empleo y reducción de la pobreza son variables estrechamente relacionadas en el contexto del programa de política económica en desarrollo por el presente gobierno.
-¿El pensamiento académico estaba evaluando la proximidad de un bloqueo agresivo a Uruguay y una simulación de salidas disponibles?
-Con respeto de la visión de la pregunta, no creo que sea acertada la perspectiva de que existe un plan brasileño-argentino que le da un rol al Uruguay, que de no cumplirlo será sometido a un bloqueo agresivo por parte de los socios mayores. Es cierto que en los últimos tiempos se ha intensificado el bilateralismo entre Argentina y Brasil. Este hecho es natural si se considera las asimetrías entre las economías y no necesariamente debe ser valorado negativamente para el proceso de integración.
Debería tratar de precisarse más respecto a qué es lo que incomoda del proceso de integración en el Mercosur. Diría que existe un desajuste entre los ambiciosos objetivos del acuerdo y la realidad más estrecha y condicionada de su funcionamiento. Por ejemplo entre los aspectos negativos podría señalarse la lentitud en concretar una integración más profunda, la incertidumbre jurídica del derecho comunitario en construcción, la baja performance que ha tenido el bloque en mejorar las condiciones de inserción internacional de sus Estados Partes con los países y regiones de extrazona. Todo lo anterior se da en un contexto de un subdesarrollo institucional que dificulta ir cristalizando niveles crecientes de compromiso. Sin embargo, a pesar de estas faltas o debes, el Mercosur ha logrado ciertamente muchos avances, no hay que olvidarse que ya no existen prácticamente aranceles para el comercio intrarregional, y que han se han desarrollado una gran cantidad de acuerdos que se cumplen y que han beneficiado a todos sus miembros y en particular a las economías más pequeñas.
En el marco de un funcionamiento irregular del bloque el bilateralismo entre Argentina y Brasil es un emergente de la necesidad de los países más grandes de administrar estas transiciones. Los países pequeños no deberían enfrentarse per se a esta articulación bilateral, simplemente saber qué reclamar a cambio como por ejemplo de un margen de maniobra mayor que seguramente no comprometerá a los grandes. Es natural que si los grandes logran resolver entre ellos pero no consideran a los pequeños en sus acuerdos, es lógico deban compensarlos con grados de libertad mayores. Es este el tipo de intercambios que los países del bloque deberían realizar si quieren conservar el acuerdo y mantener por igual la voluntad de integración entre sus miembros.
Raramente un proceso de integración económica es lineal y simple, frecuentemente está sujeto a marchas y contramarchas. La voluntad de integración se preserva si cada parte entiende que el proceso permite defender los intereses nacionales de la mejor forma. En los períodos de transición el logro ,justamente, consiste en preservar la voluntad de integración apelando a medidas flexibles aunque en el corto plazo parezca que nos alejamos de los objetivos buscados. Quizás este es uno de esos momentos. Si bien el acuerdo tiene problemas y enfrenta múltiples tensiones no es poco lo que se consiguió, y no es poco lo que los países tienen entre manos hacia el futuro.
-Yendo a lo más urgente, si Uruguay decidiera iniciar formalmente la negociación de TLCs con países como EEUU, Chile, China y no fuera posible lograr la autorización del Mercosur para emprenderlos, ¿cuáles serían las consecuencias previsibles en términos financieros, comerciales o aun energéticos?
-La inserción regional está conducida desde hace una década y media en el contexto del Tratado de Asunción para la creación del Mercado Común del Sur. Desde hace algo más de diez años (Reunión de Ouro Preto en 1994) el bloque adoptó explícitamente el camino de construcción de una Unión Aduanera a través del acuerdo sobre el Arancel Externo Común. Pero construir una Unión Aduanera es ciertamente un proceso muy complejo que el bloque no ha logrado resolver en esta década. Téngase en cuenta por ejemplo que la actual Unión Europea que se inicio con el Tratado de Roma en el año 1957 no funcionó como una unión aduanera completa hasta iniciada la década de los años noventa.
La Unión Aduanera requiere que todos los países tengan una Política Comercial Común con terceros mercados. Uno de los ingredientes de una Política Comercial
Común es que los acuerdos comerciales preferenciales con otras regiones y países sean comunes de todos los países que forman el bloque. Los países del Mercosur han venido trabajando en esta dirección y obtuvieron un acuerdo comercial común con Chile y Bolivia, con los cuales a partir del año 2006 estamos en una zona de libre comercio prácticamente universal. En otros frentes el Mercosur no ha tenido un tan buen desempeño en particular con los países industrializados (Unión Europea y Estados Unidos), ha tenido problemas en suscribir acuerdos comerciales y se ha eternizado en negociaciones sin rumbo.
En los otros acuerdos importantes a nivel de la región, con el resto de los países andinos y con México, se adoptó una estrategia distinta. Bajo el objetivo de que los acuerdos debían suscribirse se firmaron marcos generales que albergan en rigor una red de acuerdos bilaterales que muy en el largo plazo van converger a acuerdos comunes. El caso más extremo son los acuerdos con México en donde Uruguay fue habilitado a firmar un acuerdo tipo TLC moderno. También Brasil logró realizar un acuerdo en el sector automotriz muy ambicioso. Recientemente el Mercosur ha relajado aún más la restricción con terceros al iniciar el proceso de adhesión de Venezuela como miembro pleno, siendo el caso que se trata de uno de los países menos integrado comercialmente al Mercosur de toda Sudamérica.
Dicho esto para tener un contexto en donde situar el compromiso de negociar en común con terceros, el cual lógicamente se deriva de estar en proceso de construcción de una Unión Aduanera, pero que en los hechos se ha aplicado de forma pragmática buscando preservar la voluntad de integración. En este sentido, es perfectamente verosímil en el status quo actual del Mercosur obtener unos márgenes de libertad mayores para negociar con terceros en particular para los países pequeños (por ejemplo con Estados Unidos) sin que esto signifique un cambio de estatuto de Uruguay en el bloque. En este sentido, entiendo que los análisis que han hechos las cámaras empresariales respecto a este punto son equivocados y perjudiciales para sus propios intereses. La elección no es entre Estado Asociado para tener las manos libres en la negociación con terceros versus Estado Miembro Pleno sujeto a los compromisos establecidos en la normativa del acuerdo. Más bien se trata de cómo construir los grados de libertad requeridos en función de las posibilidades ciertas de inserción que el Uruguay tiene logrando al mismo tiempo mantener el estatuto actual. Si esta alternativa se cierra entonces habrá mérito para recorrer la otra que tempranamente se ha sugerido y que según versiones periodísticas se estaría manejando también en el máximo nivel de gobierno. Por otra parte es necesario quitarle dramatismo a estos temas y ubicarlos en el estricto sentido que tienen que es conseguir mejores condiciones de acceso al mercado para fomentar la inversión y en consecuencia el empleo.
Uruguay es la sede del Mercosur, le cabe un papel pro activo y protagónico en el futuro del bloque, es posible que reclame liderazgo al socio mayor, pero debe hacerse cargo también de la cuota parte de responsabilidad que tiene en el estado actual del proceso de integración. Si entiende que el bloque que ayudó a fundar y construir no funciona, debe buscar aportar para su mejora. Si entiende que es necesario modificar los objetivos globales, debe plantearlo y procesar una negociación con todos sus socios. Si se enfoca el problema de esta forma con menos dramatismo, con más perspectiva, buscando comprensión y apoyo de los socios del bloque, nos ahorraremos el trabajo de realizar lo que conjeturo sería un alarmante análisis que significa pensar al Uruguay en retirada de la región de una forma poco amistosa, y sometida al trato no cooperativo de sus vecinos. Es este un escenario muy negativo para el Uruguay que por todos los medios a nuestro alcance deberíamos evitar. *
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