LA COMUNICACION DEL GOBIERNO CON LA POBLACION SIGUE EN EL DEBE

Saturación y confusión

En la semana se habían producido cuatro o cinco instancias de presentación del equipo económico difundiendo iniciativas de diverso orden, todas exigibles de una atención ciudadana que ya era muy difícil proveer antes que en la mañana del viernes se desparramara sobre los medios esa enorme cantidad de propósitos, proyectos en vías de desarrollo, anteproyectos, proyectos con media sanción y una cantidad de medidas administrativas alentadas por el propósito de impulsar la inversión y el crecimiento. La saturación es el gran dato que se derrama sobre la ciudadanía. Y el activismo es la invitación obvia para que decenas y decenas de jefes de unidades ejecutoras del Estado emulen en materia de proposición y actividad.

Es una lástima dado que, precisamente en la semana, dos o tres hechos principales debieron ser el objeto de la delicada atención de las elites de gobierno en materia de comunicación afín con la necesidad de mejorar el clima de inversión, la confianza y la tranquilidad pública. En ninguna de ellas se avanzó lo que mínimamente se requería:

Esas áreas de dificultades de comunicación tenían que ver con las nuevas cifras de lo que se está insinuando en el área del empleo y el desempleo. No hay allí datos malos solamente sino que, sobre todo, hay nuevas realidades a atender. Este país no es el mismo y así lo ha documentado el INE. El otro gran déficit de comunicación se verificó en la comunicación del BCU respecto a lo que está sucediendo con la política monetaria y su conflicto con la política cambiaria. Esto no se pudo obviar y ahora, el preanuncio de la meta inflacionaria y de la cantidad de dinero que el BCU dejará en la plaza en los próximos doce meses aparece un poco más increíble que antes. Por si fuera poco, esto se produce en el contexto de un cambio evidente en el entorno de riesgo que ronda a la economía uruguaya. Afortunadamente, el comportamiento fiscal y las reservas dieron para que los anuncios de la amortización de deuda se sobrepusieran al efecto de saturación que, obviamente, impacta negativamente sobre la confianza. *

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