El plan esencial
Por detrás de un escenario en el cual la información política continúa demandando la atención preferente de los medios, se desarrolla un proceso opaco de acomodación del gobierno a la realidad, que incluye desencuentros de los nuevos ejecutivos con sus correligionarios y nuevos vínculos con elites profesionales del Estado. De ordinario, dicho proceso es difícil en cada cambio de administración pero, en este, es aún más complejo. Las razones son obvias, pero además, hay en este encuentro del pensamiento político y la realidad un dramatismo impuesto por la urgencia de procesar cambios profundos en muy poco tiempo. Más allá de los errores, el acceso de la izquierda al gobierno introduce en ese proceso una perspectiva de realidad que hasta ahora no existía; existe una posibilidad real de que se levanten las compuertas de una oposición muy poderosa y el flujo de los cambios naturales, hasta ahora contenido fluya con toda su potencia. Los núcleos fuertes de la administración trabajan en diferentes direcciones pero, en lo esencial, este gobierno cuenta con un plan que comunica con cautelas necesarias.
Trascendidos
El problema consiste en cómo lo inesperado e incomprensible del plan de gobierno que se cuela a través de esas perforaciones del escenario habitual de la política, no produzca más desconfianza y escepticismo. Algo de esto ha sucedido en estos últimos días cuando por diversos medios han comenzado a informarse el tipo de reformas estructurales que el gobierno prepara en aquellos espacios de encuentro de la política y la realidad sobre la cual trabajan los técnicos y asesores profesionales de las diferentes oficinas, de las del área económica en particular. La emergencia de cambios estructurales, necesariamente complejos, sobre los que el gobierno trabaja no va a ser comprendida fácilmente por una población acostumbrada al debate más sencillo de la política habitual. Alcanza observar la sorpresa que sobre ese escenario de la discusión habitual, ha generado el conocimiento de que el MEF, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la de Servicio Civil trabajan sobre borradores que pudiera, eventualmente, modernizar la obsolescencia orgánica del Estado incluyendo sus regímenes de gestión e, incluso del sacrosanto régimen de propiedad de las empresas públicas.
Empero, ese tipo de novedades, por ahora, serán asimilados a la discusión política habitual. Los sectores potencialmente afectados por eventualidades lesivas a sus privilegios corporativos aliados con la oposición residual se encargaran de politizar el tratamiento de estos temas y, seguramente, no tendremos en estas área de transformación proyectos demasiado novedosos en este período de administración. Me refiero al tipo de proyectos que han sido recurridos con éxito en los plebiscitos o a los que presupongan cambios relevantes en los regímenes laborales del sector público. Ni en el área de la discusión presupuestal, ni en la de las reformas del Estado ni en la relación de los ciudadanos con las empresas públicas existirá una confrontación riesgosa. Entre otras razones, porque no va por allí la prioridad de las tareas duras que el Gobierno ha identificado como prerrequisitos esenciales para mantener su propio equilibrio en el proceso de cambio. Al menos en esta etapa.
Lo real y principal
Ese plan de corto plazo diseñado por el Ministerio de Economía en acuerdo con el BCU y aceptado más o menos conscientemente por el resto del gobierno prevé una estrategia que viene siendo desarrollada desde el inicio mismo de esta administración. Observada con levedad pudiera ser identificada con las estrategias de administración de la crisis del gobierno pasado disciplina fiscal y monetaria, privatización real del NBC, reforma de la DGI y armonización de las oficinas recaudadoras, etcétera. Analizada en el contexto del cambio prometido y para un período de nueve o doce meses próximos el escenario de previsible continuidad de la bonhomía externa que se disfruta en la actualidad- esa estrategia propende a utilizar la coyuntura asegurar el equilibro financiero y la estabilidad del país y, en particular, del nuevo gobierno en el resto del quinquenio, al menos. Y ello, naturalmente, en un país al borde de la insolvencia, implica bastante más que la administración corriente de las crisis estructurales. Entre otras cosas, presupone reformas.
Dos vertientes
Esa estrategia tiene dos grandes vertientes concluyentes. Una en la cual se procesan las tareas de la nueva regulación bancaria y provisional con adecuación institucional, la modernización tributaria y, probablemente, la introducción de algunos cambios relevantes en los obsoletos regímenes de concursos y quiebras, mejora del régimen de competencia e información. La otra vertiente del plan de corto plazo del gobierno es responsabilidad específica del Banco Central y debe asegurarle al propio gobierno en primer término y al mercado luego, que además de garantir que los grupos de presión no van a contar con un escenario inflacionario para enfrentar el resto de la estrategia transformadora, debe garantir que la única arma con que cuenta el Banco para asegurar esto: la política monetaria, no afectará el resto de la metas del programa oficial. Esa estrategia de guerra tiene varios documentos que la explican. Empero, en la semana pasada se han difundido dos, especialmente orientadores. (Ver recuadro). *
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