Alertan sobre crisis global: sucedería antes de 2006
-En un estudio realizado por usted y un grupo de compañeras/os, se alerta por el «estallido mundial de la mayor burbuja inmobiliaria de la historia», algo hasta alarmante para quienes encontraron en los ladrillos, resguardo. ¿Cuál es concretamente la inquietud?
-A raíz de un artículo de The Economist, titulado «La economía del mundo entero está en peligro», donde el principal vocero periodístico de la burguesía a advierte el desinfle de una burbuja que no pasará de este año. Así, el efecto riqueza, provocado por el aumento del valor de sus casas que mueve a los estadounidenses a endeudarse y gastar, podría desaparecer y los consumidores podrían parar de gastar.
Analistas internacionales han llegado a la conclusión de que se aproxima un irremediable ajuste de los desmedidos déficits en Estados Unidos, tanto en materia fiscal (un déficit público de más de 600.000 millones de dólares en 2004), ó un ajuste en el precio de las materias primas cuyo precio aumentó en cuatro años, un 64%.
-¿Cuál es el riesgo para Uruguay?
-Uruguay, como tantos otros países dependientes, y como siempre, va a pagar muy caro las consecuencias de estos ajustes en las economías imperiales. Ahora bien, a muchos, además de los tradicionales cipayos, les ha entrado un respeto bárbaro por las recetas de los organismos multilaterales de crédito, y por las perspectivas que nos brindan las economías «desarrolladas», o «del primer mundo», eufemismos para no pronunciar la vieja y más que nunca vigente expresión que los caracteriza: imperialistas. Entonces, desde una visión de izquierda, este dato, que surge de las relaciones de producción capitalistas, debe estar presente cuando hacemos los análisis nacionales y regionales, y establecemos las perspectivas.
Estos análisis, tienen que ver con cosas muy puntuales que estamos debatiendo en estos días en Uruguay. Por ejemplo la firma del Tratado de inversiones, ya.
-¿Podríamos suponer que la prensa de las potencias «infla» la información para obtener vaya a saber que dividendo?
-The Economist, está verdaderamente alarmado. Y con razón, agregamos nosotros. Obsérvese esta conclusión del semanario: «el boom inmobiliario, es la mayor burbuja financiera de la historia. Cuanto mayor sea el auge, mayor será el derrumbe… la forma como llegue a su fin el auge inmobiliario actual, podría marcar el curso que seguirá la economía de todo el mundo en los próximos años».
También está preocupado el FMI, que indicaba en un informe que un «crack» inmobiliario, afecta el doble que uno bursátil. Y aclaremos que la burbuja inmobiliaria, no solo afecta a Estados Unidos. En España, Gran Bretaña y Holanda, los valores se duplicaron desde 1995 y en Irlanda casi se triplicaron. Ni China se ha escapado: la venta de propiedades inmobiliarias, representa un 25% del PBI de Pekín, y el 20% de Shangai, lo que da idea de la magnitud del negocio que hablamos.
-¿Esto influye de qué manera en otros sectores?
En otros sectores de la economía, esto influye astronómicamente. China está comprando el 40% de la producción mundial de cemento, el 25% del aluminio y hasta el 50% de otras materias primas vinculadas a su desarrollo industrial.
The Economist considera que «en siete países desarrollados: España, Reino Unido, Holanda, Australia, Irlanda, Nueva Zelanda y Estados Unidos, se ha generado una burbuja inmobiliaria que acabará sufriendo una corrección mediante una caída de los precios de la vivienda.
A esto debemos sumar los enormes beneficios obtenidos por los países productores de petróleo, gracias al alza del crudo, que suelen ser «reciclados» en el sector inmobiliario. Los ladrillos, se han convertido definitivamente en EEUU y otros países en un refugio para la riqueza de las familias y en un activo interesante para los inversores privados.
-Al lego podría parecerle esta posibilidad de compra un símbolo de prosperidad entre la gente, más que una burbuja…
-En la realidad lo que hay es un aumento -mucho mayor que el de las casas- de la deuda de los núcleos familiares. ¿Por qué? Porque al aumentar los precios de las viviendas, sus propietarios sacan préstamos hipotecarios, muy comunes en EEUU y otros países, dinero en efectivo que gastan, como si sus casas fueran un cajero automático para extraer dinero. Esto ha repercutido fuertemente, en el enorme gasto en consumo (gasto que explica dos tercios de la economía yanqui), lo que se relaciona con el enorme déficit comercial estadounidense. Con el aumento del valor de sus viviendas y la disminución del coste del endeudamiento, las familias han obtenido grandes sumas de su patrimonio familiar, por venta, refinanciación y segundas hipotecas, y desempeñado el papel que se les había asignado en el impulso a la economía: mantener el crecimiento del consumo que alcanzó el 2,8% anual.
El aumento sostenido del consumo ha sido el factor determinante del crecimiento del PIB a partir de 2000, limitando el precipitado declive de la economía en 2001, estabilizándola en el invierno de 2001-2002 y estimulando el crecimiento que ha tenido lugar desde entonces.
Otra consecuencia ha sido en la generación de empleos. Dice The Economist: «El 40% de todos los empleos generados en Estados Unidos desde 2001 son en sectores vinculados con la vivienda.»
Cabe apuntar que las familias estadounidenses están altamente endeudadas no sólo por causa de la vivienda. Los datos de la Reserva Federal exhiben una deuda total superior a los 35 millones de millones, unos 450 mil dólares por cada familia típica de cuatro miembros, a causa de tarjetas de crédito, automóviles y otros bienes que alcanzan niveles récord a agosto de 2004.
-¿La crisis sería similar a otras de origen financiero, cuyas consecuencias conocemos de las últimas décadas?
-El FMI comparó el efecto de un crack inmobiliario frente a uno de origen bursátil, como una caída superior a 30% en los precios de las acciones, que equivale a 4% de crecimiento del PBI en 2 años.
Un crack inmobiliario, definido como un caída en los precios superior a 14%, produce daños similares a una caída de 8% en el PBI .
John Rubino, autor de «Cómo aprovechar la próxima depresión inmobiliaria» calcula que el valor de todas las viviendas en Estados Unidos alcanza los 14 billones de dólares, por lo que una caída en los precios de 20% representaría una pérdida de 3 billones de dólares, lo que superaría ampliamente (en valores y cantidad de gente afectada) a la crisis de las «punto.com» en el año 2000.
Actualmente las tasas de interés están subiendo y cae la demanda de créditos hipotecarios y viviendas, los precios ya se reducen y cae el consumo, porque las familias tienen que pagar más por las hipotecas. La pérdida del poder adquisitivo impactará de lleno en el consumo. Además, el ajuste del déficit fiscal traerá, incrementos de los impuestos y recortes en los gastos.
-¿Hay posibilidad que Uruguay quede fuera de esta crisis?,
-No podemos hacer como el avestruz, o pensar que el desenlace inevitable de estas contradicciones no nos afectará. Es un hecho que vendrá un «gran ajuste» o una gran crisis de alcance mundial Los que dudan, no tendrían más que seguir atentamente esta situación a través de las preocupaciones de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, o de su par inglés Mervyn King, o de los organismos financieros internacionales y las dudas se acaban. ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos atamos más aún a Estados Unidos, en una versión uruguaya de los «primos carnales» de Menem, y abandonamos el Mercosur, como
quiere el superneoliberal Caumont?. ¿O buscamos la máxima diversificación de mercados en Latinoamérica, Asia, Africa, e intentamos potenciar el Mercosur, sin por eso despreciar a Estados Unidos, mientras permanezca?
-El mercado interno, ¿puede ayudar ante una crisis de esa magnitud?
-Siempre hay que mejorar el mercado interno, más que chico un mercado achicado neoliberalmente. Ese mercado interno que, ante cualquier desastre mundial, ha sido y será, refugio y salvación de las mismísimas producciones exportables que hoy se muestran tan despreciativas del mismo. Por otra parte, vista desde Uruguay, una caída pronunciada en el poder adquisitivo de las familias de EEUU tendría efectos significativos sobre las exportaciones hacia ese país, pero también hacia otros destinos, países más dependientes del mercado estadounidense, que incluso podrían sufrir severas crisis financieras. *
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