Peligra la liberalización comercial pedida por los países en desarrollo

La liberalización del comercio mundial, que beneficia a los países más pobres, corre el riesgo de acabar en un callejón sin salida, un fracaso que sería un «desastre» según expresión del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A 18 meses del plazo para que a fines de 2006 concluya la Ronda de Doha, lanzada en 2001 para liberalizar el comercio de productos agrícolas, industriales y servicios, la sensación imperante es desalentadora. «Si seguimos así, las divergencias y las oposiciones dominarán las negociaciones y no las convergencias (…) Esta vía nos conducirá al desastre y al fracaso», afirmó el director de la Organización Mundial del Comercio, Supachai Panitchpakdi, tras una mini-cumbre la semana pasada en Dalian (China), que reunió a 32 de los 148 miembros de la OMC.

La próxima cumbre ministerial de la OMC en Hong Kong, en diciembre próximo, debe certificar el éxito o el fracaso de las negociaciones.

Hasta entonces, la OMC volverá a reunirse a fines de julio en su sede de Ginebra, pero otra mini-cumbre (similar a la de Dalian) podría celebrarse ulteriormente si las cosas siguen sin avanzar.

«El interrogante es: ¿podemos tener éxito en Hong Kong? La respuesta es sí, pero no a este ritmo», advirtió en Dalian el Comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson.

«Si el ciclo (de Doha) fracasa, ello supondría una marcha atrás en los esfuerzos de liberalización comercial y de acceso a los mercados en numerosos países», proceso que afectaría a «una generación, con todo lo que ello representa de ocasiones sociales perdidas y de inestabilidad política», dijo Mandelson.

En cambio, «si el ciclo tiene éxito, aportará un flujo suplementario de hasta 300.000 millones de euros (360.000 millones de dólares) a la economía mundial», añadió.

Lo que hay en juego es mucho, por tanto, pero las posiciones entre países ricos y pobres siguen alejadas.

Los países en desarrollo -especialmente latinoamericanos y africanos- piden el fin de las subvenciones agrícolas en las naciones ricas, que distorsionan el mercado y dificultan el ingreso de sus propios productos agrícolas.

 

EEUU y UE se pasan la pelota

Por su parte, las naciones ricas -en particular Estados Unidos y la Unión Europea (UE)- exigen a los países menos desarrollados que abran sus mercados a los servicios (bancos, seguros) y los bienes industriales que ellas producen.

En Dalian, los ministros adoptaron una propuesta del grupo G-20 de los países en desarrollo que define un marco para negociar rebajas de derechos de aduana para productos agrícolas, una cuestión clave del ciclo de Doha.

Pese a ello, el director de la OMC no abandonó su escepticismo.

«Ha habido progresos en algunos aspectos, pero otra cosa es saber si son suficientes para garantizar el éxito de los programas de aquí a (la cumbre de) Hong Kong», dijo Supachai.

El recuerdo de la última gran cumbre de la OMC, en setiembre de 2003 en Cancún (México), sigue presente: la reunión se saldó con un sonado fracaso, fundamentalmente debido a la cuestión agrícola.

Casi dos años más tarde, poco ha cambiado. La «gran divergencia» de Brasil -líder del G-20- con Francia «son las subvenciones agrícolas», dijo el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el viernes durante una visita oficial a París.

Es cierto que la UE y Estados Unidos se comprometieron a eliminar esas subvenciones durante una cumbre de países industrializados del G-8, en julio en Gleneagles (Escocia), pero sin fijar un calendario.

Y, además, de forma condicional: los europeos eliminarán esos subsidios solamente cuando Estados Unidos haga lo propio.

El problema, según los analistas, es que mientras debaten las dos regiones más ricas del planeta, los países agrícolas en desarrollo siguen sin acceder a los mercados del Norte, y el ciclo de Doha corre un creciente riesgo de fracaso. * AFP

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje