Comienza la discusión sobre los "números mágicos"
Los técnicos que integran las dos fuerzas políticas con posibilidades de gobernar a partir del 1º de marzo próximo aguardan los resultados del domingo para saber si, efectivamente, ha llegado la hora de comenzar a ponerles los primeros números a los programas. Esos números «mágicos» son los que las nuevas administraciones comienzan a dibujar inmediatamente a que se conozca el escrutinio primario previo a su asunción. Los números resultan de la compatibilización del programa o la «idea» de cada administración entrante y la realidad -estado de las cuentas, etcétera-, más un poco de perspectiva. Estas variables están disponibles y son manejadas con mayor o menor grado de cercanía por los técnicos de las fuerzas en pugna. Con dichos datos y una aproximación general a los objetivos deseables del primer año de gobierno esos números van a resultar la primera síntesis de pensamiento concreto del nuevo gobierno. Luego vendrán los números presupuestales en los que se trabajará durante el primer semestre del año próximo. Para esto último hay tiempo y en el caso de Uruguay, dada la índole del desafío que supone el cambio prometido, esa discusión conceptual del presupuestal y sus números consecuentes dará trabajo.
El orden de los factores… cambia
La urgencia de esos primeros números «mágicos» deriva de sus dos condiciones principales: su capacidad de señalizar las intenciones de los nuevos gobernantes respecto a continuar el proceso de estabilización actual o, en caso contrario, comenzar por aquí los cambios prometidos. El segundo imperativo de urgencia deriva de que la disponibilidad de esos números es decisiva porque es con ellos que habrá de discutirse con las organizaciones multilaterales de crédito la renovación de los programas que, en general, finalizan en marzo de 2005.
En la actualidad uruguaya esta discusión y su «tempo» aparecen extremadamente interesantes. Pudiera suceder que el nuevo gobierno decida pedir tiempo solicitando la extensión de los actuales programas e, incluso, del stand by con el FMI por un tiempo más extendido. Ello supondría la posibilidad de evadir la discusión precipitada de esos números e, incluso, invertir el método de elaboración o renovación de los programas con las multilaterales. En ese marco «más cómodo» pudiera ser que el nuevo gobierno lograra una primera diferenciación práctica, en el método, y antepusiera la construcción del proyecto de presupuesto 2005-2009 a la discusión de los nuevos programas con las multilaterales. Esa es la ventaja. El problema de este «waiver» que pudiera solicitar el nuevo gobierno es que, de hecho, genera un escenario de incertidumbre prolongada que alterara el escenario de estabilidad actual y cuya responsabilidad le fuera endilgada automáticamente a la nueva administración. Ello bien pudiera complicar seriamente la credibilidad y los tiempos para iniciar la ejecución de los planes de largo aliento generando un aumento del riesgo absolutamente letal para los escasos márgenes en los cuales se va a mover el nuevo gobierno.
¿Aguardar o sorprender?
Hay varias opiniones respecto a este asunto, al menos, entre los técnicos que presumiblemente han de responsabilizarse de la conducción económica en un eventual gobierno del Encuentro. Varias opiniones y escasas opciones que, inevitablemente, han de ser resueltas, esas sí, de inmediato.
¿Se acuerda ahora del resultado fiscal del primer año del nuevo gobierno, o ese número será el resultado de una discusión para la cual el EP se dará su tiempo en el caso que llegue al gobierno? Si la primera respuesta a la primera gran interrogante es aguardar, entonces, probablemente el nuevo gobierno, con auxilio de la administración saliente aún en funciones, se verá enfrascado en tareas de estabilización muy fuertes y, probablemente, costosas. Si, por lo contrario, el ministro de Economía y el Presidente electo se la juegan personalmente, entonces, probablemente, el nuevo gobierno electo tenga esos dos números disponibles para iniciar las conversaciones con los organismos y comenzar el diseño del proyecto de Ley Presupuestal con un mercado estabilizado y una notoria ampliación del crédito interno y externo. Importa recordar que el nuevo gobierno ha de enfrentarse a la existencia ya preanunciada por el BCU de uno de esos números tan referenciales: el rango inflacionario admitido hasta setiembre de 2005 (6%-8%) y según las expectativas de hoy, el rango objetivo de expansión de la base monetaria del BCU compatible con el objetivo inflacionario señalado y que fuera anunciado por el BCU el 29 de setiembre pasado. Sin que nadie pusiera reparos, además
Dado que nadie parece inclinado a revisar ese primer número ya establecido por el BCU para el primer semestre del nuevo período de gobierno, parecería que nadie se siente inclinado a revisar los objetivos de superávit fiscal primario que mantiene la actual administración, 3.2% del PBI.
Actualmente el mercado está en calma e incluso predispuesto a generarle al nuevo gobierno fuertes créditos de confianza y de efectivo, incluso. En torno a estas respuestas la especulación intenta prever la conformación de esos nuevos escenarios, pautados por una infinidad de variables internas y externas, y sobre todo, por si se definirán o no esos dos números o ellos serán la consecuencia de una larga e inescrutable discusión.
(1)LA REPUBLICA del martes 26 de octubre. *
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