Uruguay recompra deuda al borde del cambio
El viernes pasado el BCU anunció que a partir de ahora comenzará a recomprar deuda externa de mediano y largo plazo. Según se infiere del comunicado, el Banco negociará con el sistema financiero las oportunidades de compra que considere más convenientes sin arreglo a pauta ni programa alguno. El anuncio pone en marcha operaciones que si bien estaban previstas en el programa económico era difícil imaginar que se pudieran comenzar a ejecutar a pocos días del acto electoral. En circunstancias normales este tipo de operaciones son realizadas por los gobiernos con extrema cautela y sigilo a los efectos de no desequilibrar el mercado. Además, cómo toda operación que enfrenta los intereses generales del Estado con los del sector privado, la negociación de compraventa de bonos compone el riesgo de cualquier test. Desvinculada de la campaña electoral, la recompra de deuda parece ser pertinente. Empero, ahora que las democráticas controversias de la política disfrutan de una cómoda estabilidad financiera que pudiera, incluso, ser mejorada con algunas acciones fuertes del nuevo gobierno, incursionar en operaciones de recompra de deuda merece, al menos, una explicación fundada de todo el equipo económico. El mercado y la misma estabilidad más la educación de todos nosotros exige saber si la política monetaria acepta convivir con operaciones de recompra de deuda en los picos de la transición.
El riesgo país o sea, el diferencial de riesgo con el cual se forma la tasa de interés que debemos pagar los uruguayos está en niveles extraordinariamente bajos. Constatar que los inversores externos sólo le piden al nuevo gobierno cinco por ciento más que lo que les paga el gobierno norteamericano por sus colocaciones de largo plazo, es toda una síntesis de novedad en la transición política y económica por estos lares. A la transición brasileña, en circunstancias un poco más favorables aún, se le exigió mucho más. Lula nos ha llevado de la mano a un escenario en el cual más vale no complicarla demasiado. Ni allá ni acá.
Ruidos
Pero ahora, el anuncio del viernes, introduce un elemento inesperado en un escenario que si bien es mejor para todos al previsto por todos, está lleno de cuestionamientos y ruidos extraños. Uno de ellos es la proyección de un déficit del BCU para el año próximo del orden de los U$S 200 millones realizado por el Cr. Protassi cuando los números del Banco lo estiman en la mitad (¡?). Por eso de la confianza es que los funcionarios y las instituciones deben ser preclaros en sus acciones y dichos. Es en esta perspectiva que importa entender lo que preanuncia el aviso del viernes. Porque, ahora y a diferencia de su comportamiento en la ejecución de la política monetaria, la recompra de la deuda pública es responsabilidad del Ministerio de Economía y el BCU actuará en la emergencia como agente financiero de decisiones esencialmente políticas. Es importante tener en cuenta el matiz, dado que en estos días la polarización de la campaña y el ruido electoral nos está dificultando mucho entender cómo funcionan las cosas en ámbitos tan delicados como el manejo del dinero, la estabilidad y, sobre todo, el rol de los funcionarios y las instituciones. Esto es importante porque más allá de los programas electorales que nadie lee, la confianza ciudadana mejorará, o empeorará, si se entiende porqué y como se hacen y harán las cosas de todos los días. El dilema es cómo lograr explicar que hacen los que se van y lo que harán los que vendrán. El verdadero desafío consiste en ampliar la comprensión de las acciones y los dichos, despegados por un momento de esa pátina de subjetividad y especulación política permanente con la cual los uruguayos nos hemos acostumbrado a vivir últimamente. Tenemos una brecha progresivamente abierta entre más datos y menores fundamentos. Para contribuir a cerrarla, las autoridades deben ser más agresivas en la comunicación, más independientes del área de la política y, sobre todo, sus explicaciones deben ser más didácticas Aún cuándo ese tipo de comunicación colida con el discreto estilo que parecen rodear las acciones de mercado.
Entrelíneas de la transición
Además de un test regular, la negociación de deuda compone una decisión política de afectación del saldo de divisas netas que ingresan al país en las cuentas corriente y capital y que a setiembre ya acumulaba una ganancia de U$S 264 millones. A diferencia de las operaciones de mercado que realiza el BCU como regulador monetario, confrontando a veces su misión de defensa de la moneda nacional a otros del programa económico, ésta negociación va a ser ejecutada en línea con las oficinas de Colonia y Paraguay. En tanto, supondrá, probablemente, una incorporación mas activa del MEF al manejo diario de los activos de reserva y, en tanto, al juego de la oferta y la demanda que tanto ha venido incidiendo en la depreciación del dólar. ¿Por ejemplo, en su otra y principal función, la del regulador, el BCU seguirá demandando los diez millones de dólares que licita todas las semanas? Habrá que ver como se desarrollan las operaciones en los próximos días para intentar entender un poco más lo que irá sucediendo en el mercado, en la relación de la economía con la política y, sobre todo, en cómo manejan los funcionarios públicos de jerarquía sus responsabilidades esenciales en la delicada y, presumiblemente, extensa transición. Los funcionarios actuales y. por cierto, desde ya, los que vendrán. *
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