La dictadura fue condición necesaria para iniciar el modelo económico vigente
Lo hemos definido liberal, porque se sustentó en la reducción de la intervención del Estado, en especial en el área social, laboral, de apoyo a los sectores productivos y pretendió transferir a privados las empresas públicas.
Aperturista, porque desprotegió al país frente a las amenazas del exterior y no contó con políticas internas que permitieran enfrentar la competencia externa y aprovechar las oportunidades que dio la economía mundial.
Concentrador, porque su viabilidad y desarrollo implicaron concentrar y centralizar la riqueza, es decir transferir dinero del trabajo al capital (concentración) e integrar los capitales en grandes conglomerados económicos (centralizar) basado en exportaciones primarias.
Excluyente, porque una porción creciente de la población fue quedando fuera de los canales de acumulación formal, con un desempleo estructural y creciente, con aumento de la pobreza, en definitiva se excluyó a las mayorías del fruto del crecimiento de la riqueza.
El nacimiento del modelo LACE
Sin embargo este modelo no nació en los años 90, sino tan solo se profundiza. La génesis de este modelo está en 1968, cuando se concretó la congelación de precios y salarios. Recordemos que la congelación se realiza el día 28 de junio de 1968 y el 1º de julio tocaba un ajuste salarial que no se realizaba desde el 1º de enero y ya se había acumulado más de 50% de inflación y días atrás se había dado una gran devaluación. Es decir que la congelación de precios y salarios se hizo en el peor momento para los trabajadores y significó una rebaja salarial de 15% sólo en dicho año.
Posteriormente la política económica se alinea de manera casi total a los lineamientos del FMI, en el elenco ministerial participaron de manera creciente los representantes de los más poderosos grupos económicos y la creciente represión interna es el sostén de este proceso. Sin embargo un proceso de estas características se tornaba inviable en un Uruguay donde las organizaciones de trabajadores eran muy poderosas, donde la percepción del rol social del Estado era asimismo poderosa y donde el clientelismo político impedía una política dura de caída de los ingresos ya que cada cinco años se hacía imprescindible legitimar el gobierno por medio de concesiones económicas.
Por ello no cabe lugar a dudas entendemos que la dictadura cívico militar es, en su parte sustancial, el resultado de la necesidad de reestructuración del modelo de acumulación del país hacia el modelo liberal, aperturista, concentrador y excluyente y por tal subordinado al exterior, el que exigía una profunda redistribución regresiva del ingreso, un proceso de concentración de la propiedad y una liberalización sin restricciones al ingreso y egreso de capitales. Todo ello no era posible en las condiciones de la democracia uruguaya.
Entonces la eliminación de las libertades políticas, sindicales y sociales, dio viabilidad a un proceso de reestructuración económica hacia un modelo de apertura y liberalización como ya se anunciaban, como fundamentos económicos, en el Plan Nacional de Desarrollo 1973/77 elaborado por el último gobierno democrático con un rol gravitante en aquella OPP del contador Bensión y luego asumido plenamente por la dictadura.
La economía durante la dictadura
El proceso de desarrollo económico de la dictadura, tuvo como sus pilares fundamentales entre 1974 y 1980 los siguientes aspectos:
Una caída sustantiva del salario real.
Una apertura inmediata y total del sistema financiero, con plena y libre movilidad de capitales, con libertad de fijación de la tasa de interés y de la tenencia de activos internacionales.
Un retiro de la participación del Estado en la fijación de precios y una reconversión exportadora, subsidiando las exportaciones y castigando el mercado interno.
Dicha política por ende tuvo como resultado una rebaja sustantiva de los salarios que generó una transferencia de una enorme masa de riqueza del trabajo al capital que se calcula en 4 mil millones de dólares equivalente a casi 800 dólares por trabajador y que era, en 1984, igual al monto de la deuda externa uruguaya.
Al mismo tiempo la liberalización financiera generó un ingreso de capitales fue muy importante en especial al sistema financiero lo que generó una progresiva y casi definitiva (hacia 1982) extranjerización del sistema bancario privado, un importante crecimiento de las operaciones en moneda extranjera de la economía, es decir el inicio de la dolarización de la economía y reforzó el crecimiento de la deuda externa.
La continuación del modelo LACE
Veinte años de gobiernos democráticos no hicieron otra cosa que profundizar al máximo el modelo LACE.
Por un lado fortaleciendo los aspectos de la apertura y la liberalización en que la dictadura había avanzado como la apertura y liberalización financiera o la ley de oferta y demanda para fijar los precios de los bienes de la canasta familiar.
Pero al mismo tiempo se pusieron en marcha (en especial en la administración Lacalle) reformas profundas cuyo objeto era hacer más apertura y más desregulación. Y vino entonces:
La apertura comercial basada en rebajas indiscriminadas de aranceles y atraso cambiario;
La reforma laboral por la cual el Estado se retira de regular las relaciones laborales y deja a los trabajadores desprotegidos en una década como los 90 de fuerte desempleo y represión sindical, lo que posibilitó un gran deterioro de las condiciones de trabajo;
La reforma de la seguridad social con el objeto de transferir parte de la seguridad social a un sistema de capitalización individual y de lucro.
La reforma del Estado que avanzó muy poco porque la resistencia popular derogando la ley de empresas públicas lo impidió y,
La reforma educativa con el fin de la mercantilización del sistema educativo y su adecuación al modelo económico LACE.
Todo ello dio forma definitiva al modelo LACE que, entonces se construye entre 1974 y 1980 durante la dictadura y se consolida entre 1991 y 1997 ya en democracia.
El fin del modelo LACE
Y la crisis del modelo llegó inevitablemente hacia fines de los 90 y duró cuatro largos años; y si el modelo era concentrador y excluyente la crisis agravó hasta el máximo dicha exclusión con las consecuencias que conocemos y que en notas anteriores hemos descrito. Con 25% menos de salario real, con 100 mil desocupados más, con una deuda pública que supera los 4 mil dólares por cada uno de los ciudadanos y ciudadanas y mucho más.
Por ello es imprescindible que termine este modelo neoconservador que lleva ya 30 años en el país, que ha sido nefasto para la mayoría de la gente aunque enriquecedor para un puñado minoritario. Y en ese sentido el futuro desarrollo del país tiene que significar un cambio radical de modelo en relación al LACE en que el Estado asuma un rol protagónico y de planeamiento estratégico, donde la distribución del ingreso y la riqueza sea prioritaria y simultánea al crecimiento y donde las políticas de creación de empleo y de mejoras de salarios estén en la prioridad central.
Por ello vale la pena recordar en estos 31 años del golpe de Estado que la dictadura abrió el camino de la miseria y la fragmentación social y que sólo con un nuevo modelo de desarrollo podremos empezar a revertir 30 años de concentración y exclusión en el Uruguay. *
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