ANALISIS NACIONAL - Crisis y oportunidad

Los bancos y la transición

En este esquema de funcionamiento, el sistema trabaja al filo de su equilibrio operativo y en las cuentas de resultados mensuales se reiteran los saldos en rojo. Además, la imposibilidad de completar a tiempo el ordenamiento básico de los mercados financieros no es gratuito para la sustentabilidad del crecimiento. El gobierno esperaba un 2,5% de incremento del PBI en el primer trimestre y la cifra fue 1,7%…

La red bancaria está sujeta por una fuerte regulación que la obliga a mantener niveles de liquidez excepcionales. En este esquema de funcionamiento el ajuste se produce con la ampliación del margen operativo del sistema, en particular con la caída de las tasas pasivas a niveles históricos en relación al resto de los precios de la economía. La función estabilizadora de la política monetaria obliga al BCU a convalidar tasas activas muy elevadas que, a la vez de desmejorar los ya problemáticos equilibrios presupuestales de la institución, inciden sobre la formación del resto de las tasas de la economía.

En búsqueda de un nuevo plan de negocios

Los bancos tienen serias dificultades para encontrar un plan de negocios en los cuales desarrollar su actividad con equilibrio. Esta fragilidad de los equilibrios bancarios en el Uruguay es un problema en cualquier circunstancia. Empero, en esta coyuntura –ciclo electoral y lenta emergencia de la crisis más profunda de su historia, e ingreso a un estadio de iliquidez internacional- la situación del sistema bancario comienza a transformarse en un problema cuyas consecuencias desbordan ampliamente la esfera economica y se proyectan amenazadoramente sobre la transición. Empero, como en tantas otras cosas, la atención y el empeño del sistema político permanecen alejados de estas preocupaciones.

Soluciones razonables en procura de más confianza

Si bien esta situación del sistema financiero implica un problema serio para la sustentabilidad del crecimiento y la misma calidad de la transición política, también debería reconocerse una oportunidad interesante para que, contribuyendo a mejorar los equilibrios del propio sistema, se pueda avanzar sobre las grandes asignaturas pendientes que tiene la economía uruguaya. Esa oportunidad tiene que ver con la posibilidad de lograr algunas soluciones razonables a los problemas más ríspidos del sistema. En particular, aquellos que tienen que ver con la institucionalidad del sistema y la confianza que la población tiene de la calidad de su funcionamiento. Hay varias zonas en las cuales el sistema político o acuerda ese tipo de soluciones razonables o deja que los problemas se resuelvan solos con un incierto resultado sobre los propios equilibrios bancarios y, quizás también sobre los demás. Como en otras áreas, en la financiera, el desdibujamiento de la institucionalidad es un problema principal. Si algún valor de interés general de la sociedad hay que rescatar de la actual crisis del sistema es la confianza en la autoridad del regulador y de su capacidad para arbitrar y resolver problemas; sobre todo porque esa autoridad del regulador va a ser imprescindible para anticipar las soluciones a desequilibrios mayores. Eso no se resuelve de la noche a la mañana y menos en un país dónde ha nadie ha parecido importarle demasiado que es lo que sucedía en esa área tan delicada desde hace al menos quince años.

El BCB, paradigma y precepto

La transición en Brasil debería enseñar sobre lo que supone llegar a situaciones de emergencia con un Banco Central que, aún sin autonomía, hace valer el peso de su prestigio acumulado en el último decenio para mantener el valor de la moneda, cuidar las reservas, el crédito externo, e ir dejándole lugar y tiempo al gobierno de la izquierda para ir acomodando el cuerpo. No es imaginable que en este paisito pobre, desvalido y escéptico no pueda construir una solución más inteligente que la que confrontación actual. Es inimaginable que no se pueda convenir con ese sindicato, defendiendo en el linde de la legitimidad una corporación fracturada pero razonable y flexible como lo ha demostrado cuando hubo que afrontar soluciones socio político comprensivas  que no fueron «bancarias» simplemente. Como tampoco parece razonable no poder entender que un Banco Central de un país con un Poder Ejecutivo desacreditado, un Legislativo embarcado en otros menesteres y un Poder Judicial incapacitado para cumplir funciones de liquidador y árbitro de mil contenciosos, debe ser respaldado y cuidado.

Hay una perspectiva

Hace unos días en una reunión de trabajo con inversores preocupados por el estado actual del mercado de valores el economista Julio De Brun exponía su visión optimista que es de más utilidad para un gobierno de alternativa que para el actual: pronosticando la recreación del fracturado mercado de valores en el mediano plazo De Brun explicaba que la crisis del 2002 es diferente a las anteriores por ser una crisis de la cual se emerge con sanción y recambio de malos empresarios. Antes, recordaba De Brun se perdían los patrimonios y se salvaban los empresarios. Agregaba De Brun que ahora, además, la banca ya no puede hacer lo que hacía antes y debe salir a buscar y promover proyectos de calidad y evaluación de riesgo que le agreguen valor.

Esa perspectiva  decía- no debería ser afectada ni por los aumentos de la tasa de interés internacional ni por los riesgos de la transición política. La condición de viabilidad de un cambio histórico en el área según De Brun sería la eliminación de la opacidad de los demandantes de fondo y la adopción de una modalidad de gestión bancaria más moderna y vinculada con el financiamiento de la inversión. La misión del BCU en este proceso consiste en afirmar esa nueva institucionalidad emergente. (1)

¿Llegaremos…? *

 

(1) De Brun, Julio – Exposición en la jornada «El valor agregado de la calificación nacional de riesgo» CARE, Montevideo 26/05/2004   [email protected]

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