Los "timberos" famosos
Los actores Ives Montand, Omar Shariff y Vittorio de Sica, los escritores Ernest Hemingway, el rey Eduardo VII de Inglaterra, el empresario André Citröen y el cantor Carlos Gardel tienen algo en común: su pasión por los juegos de azar.
Algunos de ellos se definían como simples espectadores en los casinos o hipódromos, mientras otros admitían de viva voz su afición por el juego.
«Cuando vaya al cielo cuelguen de la fachada del casino un medallón de esos que adornaban las fachadas de los viejos teatros que diga ‘de Sica lo hizo’. Porque el Casino de San Remo lo he pagado yo con los millones que he perdido en más de treinta años», dijo el actor y director Vittorio de Sicca, fallecido en 1974.
Yves Montand solía decir que la Ferrari y la casa de campo que tenía cerca de París las había ganado jugando al póker. Pero nunca confesó cuánto perdió.
Omar Shariff terminó por reconocer que todo lo que ganó en su vida como actor lo perdió en las mesas de los casinos. Para compensar el poco trabajo cinematográfico que tenía en los últimos años, empezó a trabajar como agente de relaciones públicas de varios casinos franceses y grabó la publicidad televisiva de una revista de turf.
El cantor de tangos Carlos Gardel también era conocido como un aficionado a las carreras de caballo, una de sus fuentes de inspiración que lo llevaron a interpretar dos canciones sobre el tema: «Leguisamo sólo», en homenaje a su gran amigo y famoso jockey Ireneo Leguisamo, y «Palermo», sobre las penurias de un jugador.
Uno de los jugadores más famosos del siglo XIX fue el Príncipe de Gales: durante los 60 años que debió esperar para suceder en el trono a la reina Victoria en 1901 con el nombre de Eduardo VII, nunca faltaba a las carreras en Epson. Además, hacía dos o tres viajes anuales para recorrer los grandes casinos e hipódromos de Europa. *
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