Loterías y casinos aportan el 3% de lo que gasta el Estado

Ingresos del gobierno por el juego superan los mil millones de pesos

A esto se debe agregar el IVA que deben de pagar las jugadas al Cinco de Oro o la quiniela, por ejemplo. Claro que detrás del juego hay varias historias.

«Nos dejan relojes, joyas o documentos de identidad de garantía. Se juegan hasta los calzoncillos y después no pueden pagar ni el estacionamiento», relata el encargado de un estacionamiento ubicado a unas pocas cuadras de un frecuentado casino en Montevideo.

Muchas personas pueden apostar en juegos de envite y azar sin que les afecte sus vidas. Sin embargo, para un porcentaje cada vez mayor el juego por dinero se convierte en una adicción, que afecta su salud física y mental, estabilidad laboral y financiera, así como también, sus relaciones sociales y familiares.

«Entre 3,5% y 5% de la población adulta tiene problemas con su manera de jugar y entre 1% y 3% presenta conductas patológicas», explicó el médico venezolano César A. Sánchez Bello, fundador de la sección de Juego Patológico de la Asociación de Psiquiatría de América Latina (APAL), consultado por la agencia de noticias AFP.

Además, el comportamiento de cada ludótopa afecta de 10 a 15 personas de su entorno.

La situación política y económica actual en América Latina es un elemento muy particular de la sociedad de esta región, que incide en la afición al juego y que coadyuva a su incremento, sostiene Sánchez Bello. En América Latina, «la crisis social se ha acentuado de manera alarmante y el ciudadano común busca la solución de su problema económico en el juego», agregó.

Y justamente en Venezuela -azotada por una importante crisis política desde hace dos años-, dos estudios revelaron que, luego de la alimentación, los habitantes gastan su dinero en transporte y juegos de envite y azar.

La adicción a las apuestas suele conllevar un aumento de embargos, quiebras, juicios, abandono de los estudios, divorcios, desintegración familiar, disminución del rendimiento estudiantil o laboral, fraudes, delitos de cuello blanco, así como también trastornos depresivos y de ansiedad, intento de suicidio o suicidios consumados. Los especialistas consultados coincidieron en que no existe conciencia en la mayoría de los países de la región sobre esta patología, aunque ya hay grupos de trabajo en varias naciones, donde se considera al juego patológico como un problema de salud pública.

En Brasil -donde existen unos tres millones de jugadores compulsivos (cerca de 2% de la población brasileña)-, con los bingos prohibidos desde hace poco más de un mes, algunos centros médicos y ambulatorios registraron un aumento de 40 a 50% en el número de pacientes que son jugadores compulsivos y que requirieron sus servicios, por ejemplo de psiquiatría.

Un portavoz del Hospital de Clínicas de São Paulo informó que en su Instituto de Psiquiatría aumentó 50% el número de pacientes compulsivos, que llegan con depresión y taquicardia. De acuerdo a Sánchez Bello, la cantidad de adictos al juego está aumentando de manera alarmante en América Latina, aunque «no se dispone de estadísticas precisas al respecto, entre otras causas, por desconocimiento de este trastorno y por la no aceptación sociocultural del mismo». *

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