El nombre del jefe FMI es un tema marginal para inversores de mercados emergentes

El FMI vive una crisis de credibilidad

Horst Koehler dijo el jueves que adelantaría el fin de su gestión al frente del FMI para convertirse en presidente de Alemania, y de inmediato se comenzó a buscar su sucesor. Los ministros de finanzas europeos fijaron una reunión la próxima semana para debatir el tema.

El mismo Koehler fue un candidato de compromiso, pero cualquier ejecutivo que sea elegido para dirigir el Fondo -el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, dijo que quiere otro europeo frente al organismo de crédito- deberá ajustarse más a la nueva realidad: el sector privado ha empequeñecido al FMI.

Entre los europeos, la máquina de rumores ha sugerido al ministro de Finanzas de Gran Bretaña, Gordon Brown, al ministro de Finanzas de España Rodrigo Rato y al titular del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, Jean Lemierre, como posibles sucesores.

Pero mientras el FMI ha lanzado algunos espectaculares programas de rescate de los años recientes, donde se destacaron los de Turquía y Brasil, el organismo internacional ya no es una fuerza dominante en las finanzas de los mercados emergentes.

En sólo 10 años, desde 1991 a 2001, el flujo de capitales a los mercados emergentes provenientes de sectores oficiales, gobiernos y organismos como el FMI fue de 36.500 millones de dólares, mientras que el flujo del sector privado en ese período creció a 160.000 millones de dólares desde 62.000 millones.

El mismo FMI en el año fiscal 2003 prestó 29.400 millones de dólares en derechos especiales de giro, la unidad de moneda que usa el FMI compuesta por una canasta de otras monedas, lo que representó cerca de 20.000 millones de dólares.

La búsqueda

«El FMI está a la búsqueda de un nuevo rol, quién lo lidere es probablemente irrelevante», dijo Paul Luke, un veterano especialista en mercados emergentes de la firma de inversión Convivo Capital Management.

«La cuota de crédito mundial del FMI ha colapsado, es un jugador fragmentado, en su mayor parte debido a que el mundo en desarrollo se las ha arreglado solo», dijo Luke.

En casos como el de Argentina, que quebró de manera espectacular en lo que fue la mayor cesación de pagos a nivel mundial en 2002, algunos inversionistas consideran que el FMI fue parte del problema, al apoyar públicamente la convertibilidad del peso durante mucho tiempo, y continúa siendo parte del problema por su renuencia a cancelar la deuda que le deben.

Argentina es un problema inmediato ya que debe pagar al FMI 3.100 millones de dólares el próximo martes. Koehler había sido percibido por los inversionistas como más dispuesto a escuchar a Argentina que su segunda en el cargo, Anne Krueger, quien lo reemplazará interinamente.

«Krueger es potencialmente negativa para la Argentina», dijo Neil Dougall, titular de investigaciones sobre mercados emergentes de Dresdner Kleinwort Wasserstein.

Hay también cuestiones de credibilidad alrededor del FMI, como por ejemplo en el caso del manejo de la primera fase de la crisis de Turquía, donde respaldó una devaluación programada del tipo de cambio. También hay un continuo debate acerca de si las políticas impuestas a las economías asiáticas después de la crisis que arrasó la región en 1997 fueron las correctas.

El FMI también inició una dura disputa con el sector privado sobre la manera de establecer procedimientos formales para enfrentar en crisis de deuda, pero perdió ese encuentro.

Para aquellos inversionistas que aún creen que el FMI tiene un rol importante por jugar, la clave para encontrar el sucesor de Koehler es alguien con la capacidad de luchar contra las presiones.

«La principal cualidad para el trabajo es que necesitas a alguien que pueda desarmar las presiones políticas del G7″, dijo Jerome Booth, jefe de investigación en mercados emergentes del fondo de administración Ashmore.

Para Booth, eso significa alguien con una base política fuerte en Europa, que tradicionalmente ha puesto al jefe del FMI.

Luke, de Convivo, cree que si el FMI reconoce que tiene un pequeño rol, por ejemplo ayudando a resolver cuestiones de deuda en la región del Africa subsahariana y otras naciones pobres, el puesto de director gerente bien podría ser ocupado por alguien del mundo en desarrollo.

El ex vicepresidente del FMI, Stanley Fischer, quien nació en Africa y fue respaldado por las naciones en desarrollo en la última lucha por designar al jefe del organismo, podría ser en esta oportunidad un fuerte candidato de los países en desarrollo. *

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