Afirman que apertura económica no es garantía de desarrollo
Los países más desarrollados del mundo son al mismo tiempo los que menos comercian con el resto del mundo y más consumen lo que producen puertas adentro, lo cual demuestra que «la correlación entre apertura comercial y desarrollo es mínima».
Así concluyó un informó del Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa), dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
El análisis, realizado por los economistas Jorge Schvarzer (Grupo Fénix), Ricardo Aronskind, y Denise Braunsteni, destacó además que los países miembro de la Unión Europea y el Nafta presentan indicadores de abertura en forma separada pero, por el contrario, en conjunto se vuelven bloques «cerrados».
Los expertos señalaron que el comercio mundial es visto por la teoría tradicional como una de las formas más eficaces de impulsar el desarrollo económico de cada país.
En ese sentido, precisaron que ese incremento del comercio se mide por medio de una variable conocida como la apertura económica que, en definitiva, refleja el cociente entre la suma de las exportaciones e importaciones de un país y su producto bruto.
La consecuencia de aquel criterio y esta definición es que se mira el aumento de la apertura como un indicador de progreso.
Sin embargo, el informe del Cespa señaló que las estadísticas internacionales presentan algunos resultados que cuestionan tanto la noción de que la apertura es intrínsecamente buena para el desarrollo como la forma de medirlo.
Si bien los analistas reconocieron que entre los más abiertos hay casos especiales, como las ciudades-estado Hong Kong y Singapur y otros países chicos pertenecientes a la Unión Europea, donde se verifica un importante crecimiento de sus economías, subrayaron que «la mayor parte de los desarrollados se encuentra en el extremo más cerrado de la tabla, con Japón en el último lugar».
Este resultado, que contrasta con las ideas predominantes en los ’90 y aún en la actualidad, se puede verificar en «la mínima correlación entre apertura y desarrollo y una cierta tendencia a menor apertura para naciones más grandes».
El estudio indicó que la apertura varía enormemente según que se mida de la forma convencional o de otra más adecuada.
De esta manera, las naciones de la Unión Europea exhiben un elevado coeficiente de apertura si se las toma por separado, pero si se toma el área como un conjunto económico, y se descuenta el comercio en su interior, el coeficiente cae hacia uno de los más cerrados del mundo. Y lo mismo ocurre con el Nafta.
La verificación analítica del concepto de apertura, entonces, permite aclarar ideas y nociones mal expuestas en la teoría y contribuye a pensar de otra manera sobre la evolución del mundo real», puntualizó el informe. *
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