Brasil y Argentina estudian moneda común y dan impulso a integración regional

Siempre a contramano

Mientras Brasil y Argentina estudian la manera de impulsar la integración regional y, entre otras, estudian los caminos para llegar a una moneda común y acuerdos macroeconómicos, el gobierno uruguayo y algunos economistas comienzan a poner piedras y a desdecirse de las críticas al Acuerdo de Asunción cuando lo catalogaban como falto de liderazgo (exigiéndoselo a Brasil) y de voluntad política para profundizar los acuerdos.

El gobierno uruguayo no parece haber aprendido la enseñanza que dejó el no haber acompañado la devaluación brasileña primero y la argentina después.

Abrazado a un fundamentalismo alimentado por algunos economistas de moda, se desnuda una vez más la falta de sentido práctico y de ubicación con críticas como «no queremos quedar prisioneros del comercio intrarregional», aseveración que sin duda es compartida por brasileros y argentinos que se plantean potenciar el Mercosur para, precisamente, mejorar la presencia comercial de la región en el mundo como lo ha venido anunciando desde siempre el presidente Lula.

El inicio del camino podría haber sido otro, pero la realidad hizo posible éste, el de un acuerdo de las dos economías grandes del Mercosur para establecer una coordinación de políticas cambiarias con Brasil y estudiar la creación de un Instituto de Coordinación Monetaria, que podría encaminar al revitalizado bloque comercial hacia una moneda común.

Se comienza un proceso que Paraguay ve con buenos ojos, pero Uruguay no.

Se habla de economías regionales muy débiles y «que no es el mejor momento», sin tenerse en cuenta la postura mercosuriana de Lula y del más que probable presidente argentino, Néstor Kirchner. No debe menospreciarse tampoco el hecho que ambas monedas estén casi en paridad, lo cual también ayuda, ya que en definitiva lo que se plantea como primer paso inmediato es que el peso y el real se muevan en la misma dirección, «lo que no significa atar las monedas a una banda y dejarlas ahí, sino que si se mueve el real, se mueva el peso y viceversa. Tener mecanismos para que trabajen en la misma dirección» explicó el vicecanciller argentino Martín Redrado.

«La moneda única está al final del camino, primero hay que coordinar políticas cambiarias, políticas monetarias», recalcó.

Si bien Brasil no ha reaccionado públicamente ante la propuesta, el hecho que haya decidido asumir los costos de los estudios para lograr una coordinación cambiaria es un claro signo que ve la propuesta con simpatía. En Paraguay, la eventualidad que el Mercosur avance hacia una moneda única también es vista con simpatía por el gobierno.

Rigoberto Gauto, viceministro para Asuntos Económicos Internacionales del gobierno paraguayo dijo que «a largo plazo se podrá dar la integración del Mercosur a través de una moneda única», previo ajuste de las macroeconomías de los miembros del bloque.

En Uruguay la reacción ha sido otra. El presidente Batlle ya anunció la agenda de temas que conversará con el presidente Lula en su próxima visita y al parecer pretende ignorar lo que está sucediendo en el Mercosur ya que este tema no figura entre las prioridades.

El presidente del BCU, Julio de Brun, también se refirió a la propuesta considerando que el país por ahora no participará de este tipo de conversaciones ya que «(se) pudo evitar el rebrote inflacionario que se anticipaba en el segundo semestre de 2002 (…), también controlamos la especulación con respecto a que el tipo de cambio se desbordaría, y ahora hay que darle tiempo a este sistema para tratar de ir haciendo bajar la inflación al nivel de hace un par de años de atrás (de sólo un dígito)».

Curiosa postura de quienes postulan apertura hacia el mundo y se niegan a escuchar y discutir los planteos de sus socios comerciales. *

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