¿Se puede esperar de este gobierno una política activa para reactivar la economía?

Así por ejemplo, es impensable que haya reactivación económica y al mismo tiempo que el déficit fiscal se reduzca al 1,5% del PBI, cuando sólo por concepto de intereses el Estado uruguayo debe pagar más de 500 millones de dólares. O estamos hablando de un PBI muy alto, lo que expresamente se descarta en la proyección oficial, o estamos hablando de un superávit primario muy alto, o sea resultado fiscal antes de computar los intereses. Siendo este último el único camino que se plantea transitar, semejante resultado superavitario, sólo será posible reduciendo gastos ya que es indudable la saturación impositiva en el marco de la estructura tributaria que se ha plasmado y que, por lo visto, no va a tener modificaciones sustanciales en el año 2003.

Entonces, en tanto que no parece posible, ni sensato, ni hasta ético, seguir postergando el pago a los acreedores comerciales del Estado, uno debe concluir que nuevamente en 2003, el salario real de los funcionarios públicos será tomado nuevamente como variable de ajuste. De más está decir que esta determinación sobre el salario público es el principal mensaje que incide sobre el nivel del salario del sector privado.

De esta forma, tan poco original y tan injusta se procesa el ajuste en la economía uruguaya. Ya los trabajadores uruguayos que tuvieron la suerte de conservar su empleo, han perdido 20% de su poder adquisitivo en 2002 y, todo hacer pensar que ello podría repetirse en 2003.

Opinamos que es hora de reaccionar frente a esquemas que la derecha viene imponiendo sin otra apoyatura que la ideología neoliberal. Por ejemplo, cuando se dice que no alcanzan los recursos para la adecuación salarial, lo que debería decirse es que se priorizan ciertos gastos sobre otros, en particular el gasto para el pago de intereses.

Asimismo, cuando se dice que no se puede emitir dinero porque es sinónimo de inflación, se considera sólo una de la gran cantidad de teorías que explican el fenómeno inflacionario y se la trae como si fuera válida su aplicación a cualquier situación, en cualquier momento y en cualquier país. Otros opinamos que es inaceptable seguir encadenados al esquema facilongo del determinismo fiscal, que condena todo déficit por aquello de que o bien absorbe el crédito disponible o bien requiere ser financiado con emisión de dinero, lo que se asimila a inflación.

Por el contrario, a nuestro entender, un resultado fiscal es un instrumento como cualquier otro, que en el caso de déficit puede impactar la emisión monetaria temporalmente y ello impondrá medidas especiales en ese terreno para evitar efectos inflacionarios indeseables.

En la izquierda hemos aprendido que se debe ser prudente en el manejo de la emisión.

Entre otras cosas, lo aprendimos porque lo sufrimos, porque fue el expediente utilizado engañosamente por la derecha para resolver muchos conflictos sociales. Pero ser prudentes no quiere decir que descalifiquemos el instrumento en el Uruguay actual, con recesión, con bajísima base monetaria, con alta dolarización, con pesado endeudamiento de los sectores productivos y las familias, etc.

Nos gustaría, eso sí, analizar estudios técnicos que tratasen sobre el efecto inflacionario de la emisión de moneda en las condiciones en que actualmente funciona la economía uruguaya.

Estudios que también indicasen el grado de filtración a demanda adicional de dólares que tendría una expansión monetaria destinada a financiar más empleo, más salario y más crédito. Mientras que no se tengan esos estudios concretos, la discusión seguirá muy ideologizada.

Y conociendo las coordenadas ideológicas entre las que se mueve este gobierno, pensamos que se seguirá insistiendo en un ajuste ultraconservador, que atenta contra la reactivación. Así será mientras el ministro Atchugarry, que ha dado muestras de pragmatismo, siga «comprando» recetas de algún influyente asesor y, también hay que decirlo, mientras desde las instituciones académicas se siga guardando un penoso silencio.

Reactivar es imperioso, porque en ello nos va el país. Es curioso como fue de recibo el argumento de que cuanto más pasara el tiempo, más dificultoso era recuperar algo de la banca suspendida, y ese mismo razonamiento no se traslada al contexto global de un país que se sigue cayendo. Y no se puede reactivar sin un mercado interno más dinámico, que sepa ocupar los espacios que dejó lo que fue la desmedida importación de bienes fabricables en el país. Un mercado interno que por lo menos es responsable del 60% de la demanda y por lo tanto, el empleo y el salario interactúan fuertemente para determinar su resultado.

No se puede reactivar si los productores agropecuarios no pueden financiar sus compras de insumos y porque están asfixiados por las deudas. No hablemos de los pocos «avivados» que nunca pagaron nada, sino de los que más invirtieron para el progreso productivo del sector, y que son justamente los que más problemas de endeudamiento tienen.

No se puede reactivar si empresas exportadoras que tienen pedidos concretos, donde los compradores del exterior ya han emitido cartas de crédito, y no pueden cumplir con dichos pedidos porque no disponen de créditos para la compra de los insumos.

No se puede reactivar sin un plan de empleo activo, que encare de otra forma el seguro de desempleo, ya exigido hasta el límite.

Todo tiende a demostrar que la derecha no es capaz de concebir la intervención estatal para la reactivación y entonces todo quedará a cargo de lo que pueda hacer la izquierda, de lo que pueda negociar con este gobierno o, más adelante, de lo que hará desde el gobierno.*

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