Europa cae en el desencanto: el euro tiene sólo el 71% de apoyo
Al empezar el año, la aparición de las nuevas monedas y billetes en euros, en una operación logística casi perfecta, tenía algo de fiesta, y de Helsinki a Lisboa, en el Año Nuevo de 2002, la gente tenía la impresión de participar en un juego a escala continental.
Los europeos se deshicieron sin tristeza de sus viejas monedas, para cambiarlas por siete nuevos billetes y ocho relucientes monedas, una de cuyas caras es común a todos los países y la otra dedicada a un símbolo nacional, ya sea éste un monarca, un emblema, un personaje ilustre. Con el verano y la gran trashumancia de los turistas europeos, esas piezas «nacionales» se difundieron, abriendo nuevos territorios a los coleccionistas, que se pusieron a buscar las más raras: las hechas por el Vaticano, por San Marino o por Mónaco. En estas condiciones, los sondeos publicados a fines de 2002 han traumatizado a los medios europeos, pues demuestran que el entusiasmo no duró mucho. Según la investigación realizada por el instituro francés Ipsos en siete de los doce países de zona euro, 53% de las personas interrogadas mantendrían el euro, mientras que un 45% querrían volver a las monedas antiguas.
Según el Eurobarómetro, sondeo ordenado por la Comisión Europea, la cosa es menos sombría: si bien el apoyo al euro se debilitó entre primavera y fin del año, se mantiene en 71% (-4%).
Nostalgia
Con el paso de los meses, la nostalgia de las viejas monedas se ha reforzado, acentuándose en algunos países por las dificultades de cálculo en la conversión entre moneda nacional y euro.
Además, el euro ha sido el chivo expiatorio ante la disparada de precios que han constatado los consumidores europeos, ya que los comerciantes no vacilaron en aprovecharse del cambio de moneda para jugar con las etiquetas. El fenómeno es agudo en países como Italia y Grecia.
«Diga no a la especulación y a la carestía de la vida», proclamó en setiembre la organización griega INKA, que lanzó un movimiento de boicot de un día en los mercados del país. Igualmente, en Francia, las asociaciones de consumidores publicaron estudios que muestran un fuerte alza de precios. Los índices nacionales, o a escala europea, han desmentido sin embargo esta tendencia, o al menos la han atenuado. La inflación, oficialmente, ha sido moderada en Europa.
Los europeos tienen sin embargo razones para la depresión. Tras ser presentada como un instrumento de poder económico, la unificación monetaria iniciada en 1999 y concretada el primero de enero de 2002, se ha revelado incapaz de sostener la economia europea, duramente golpeada por el frenado económico mundial y por el marasmo en Alemania, primera economía de la zona.
Los dirigentes europeos han debido revisar en baja sus ambiciones. La zona euro no se ha convertido como lo esperaban y reivindicaban en una potente locomotora de la economía mundial. Los europeos miran ahora con ansiedad, como antes del euro, la otra orilla del Atlántico, para ver si existen señales de una reactivación mundial. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad