FMI acorralado debido a los reveses
El hecho de que un país como Argentina –que sufre la crisis más grande de su historia– no tenga un programa con el Fondo Monetario, es sin lugar a dudas el elemento central de las relaciones del instituto con América Latina, dijo un ex alto funcionario del FMI, que pidió no ser identificado. El FMI también sufrió un tropiezo grave en Ecuador, cuando el gobierno del presidente Gustavo Noboa prefirió suspender las negociaciones con el instituto antes que ceder a nuevas exigencias de ajustes y reducción de salarios del sector público, antes de las elecciones de octubre.
Las relaciones del FMI con América Latina comenzaron a tropezar con dificultades a principios de 2001, cuando el equipo económico del presidente George W. Bush puso presión contra los grandes «paquetes de rescate», y se agravaron definitivamente después de los ataques terroristas del 11 de setiembre de ese año, que alejaron a la región de las prioridades de la Casa Blanca, dijeron las fuentes.
El rigor no resultó
En la situación influyó, sin dudas, un endurecimiento en las políticas del FMI que condujo a reemplazar a toda la cúpula del Departamento del Hemisferio Occidental, dirigido por el argentino Claudio Loser, por un nuevo equipo encabezado por el indio Anoop Singh, quien incluso antes de asumir la jefatura había sido puesto al frente de las negociaciones con Argentina.
Las nuevas políticas, aplicadas con rigor en el caso de Argentina, tuvieron que ser flexibilizadas, sin embargo, cuando la incertidumbre surgida en los meses precedentes a las elecciones brasileñas hicieron tambalear a la octava economía del mundo, amenazando con forzar una moratoria en su deuda de alrededor de 260.000 millones de dólares.
Un apoyo multimillonario de 30.700 millones de dólares a Brasil fue aprobado prontamente en setiembre por el Directorio del FMI, bajo la presión de los miembros del G-7, las siete economías más poderosas del mundo. «Es cierto que en Brasil había un interés estratégico importante del G7, pero además los fundamentos macroeconómicos eran más sólidos, las cosas estaban más controladas», dijo una fuente monetaria.
El hecho es que el «paquete de rescate» para Brasil funcionó, contribuyendo a frenar la fuga de divisas y a estabilizar la situación, que comenzó a retornar a la normalidad tras las elecciones de octubre y los reiterados compromisos del presidente electo, Luiz Inácio «Lula» da Silva, hacia una política económica responsable.
John Williamson, especialista del Institute for International Economics y ex funcionario del FMI, dijo que el éxito aparente de la acción del instituto en Brasil puede contribuir de manera importante a reconsiderar las políticas futuras.
También influirá, en un sentido u otro, lo que suceda en Argentina. «Si los argentinos logran una recuperación sin la ayuda del FMI, eso demostraría que el Fondo Monetario no es indispensable», sostuvo.
La mayoría de los analistas siguen convencidos, sin embargo, de que Argentina necesita la reapertura del crédito internacional, lo que pasa por un acuerdo con el FMI, el cual llegará tarde o temprano, aunque haya que esperar el nuevo gobierno que se instalará en Buenos Aires tras las elecciones anunciadas para abril de 2003. *
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