El ajuste volverá a centrarse en salarios y en el consumo familiar

El año próximo habrá crecimiento negativo e inflación del 35%

Con excepción del economista Fabio Giambagi, de Brasil, tanto Rial como el economista argentino Abel Viglione, mostraron un panorama sombrío sobre el futuro inmediato de las economías de sus respectivos países. Las presentaciones se dieron en el marco del encuentro organizado por KPMG, «Argentina, Brasil y Uruguay, desafíos y perspectivas para 2003″.

Rial adelantó sus previsiones para el 2003 que hablan de un crecimiento negativo del PBI, inferior al de este año, que oscilará entre un -2% y -4%.

El proceso inflacionario crecerá según su punto de vista respecto al presente año y rondará el 35% y el 43%. La devaluación de la moneda podrá ser desde un mínimo de 45% a un máximo de 55% y el déficit fiscal se reducirá descendiendo abruptamente al 2,3% -2,7%. Ello actuará directa y negativamente sobre el consumo privado que tendrá signo negativo, entre -6% a -8%.

La balanza comercial tendrá signo positivo ya que las exportaciones podrán alcanzar los 2.300 millones de dólares (muy lejos de los 5 mil millones que se planteó el presidente Batlle cuando asumió la Presidencia) y las importaciones debido a la contracción de la economía bajarán a 2.000 millones de dólares.

Pero, como los males no vienen solos, Rial sostuvo que el problema del endeudamiento no se puede postergar y lo calificó como «grave» tanto para el sector público, como para el sector privado.

Al respecto destacó que el 66% de la deuda del Estado es con privados y solamente el 34% con los organismos internacionales de crédito (aclaró que con los últimos préstamos es probable que este porcentaje ascienda al 44%).

También advirtió que el 58% del endeudamiento está concentrado en plazos muy cortos, entre 1 y 5 años.

Por ello sostuvo que se deberá analizar cuidadosamente cuándo y con quién conviene renegociar la deuda, un ítem sobre el cual no hay discusión sobre la necesidad de hacerlo.

Según su criterio sería conveniente continuar con la política de recibir préstamos de organismos multinacionales para cumplir con los pagos de deuda ya que «no está mal sustituir muchos acreedores por uno solo, ya que con éste (el FMI) es más fácil razonar y negociar que con los privados».

Finalmente y como corolario de sus previsiones para el año 2003, la economista advirtió que existen variantes que pueden cambiar y mucho las mismas. En ese sentido mencionó la evolución de la situación regional, el precio del petróleo, el precio de los commodities, la evolución de la confianza en el sistema bancario y la capacidad para controlar la situación fiscal.

Argentina incierta

Abel Viglione, de la Fundación Fiel, comenzó destacando que en estos cuatro años se ha destruido el 23% de la riqueza en su país y afirmó que como datos positivos solamente puede constatar que se estabilizó la caída en producción de bienes, aunque no así en servicios.

Recordó que las fuentes de crecimiento son la inversión, el aumento de empleo y la incorporación de tecnología, elementos que están ausentes en este período en su país y afirmó que el ajuste se dio por el consumo, la caída de importaciones y, fundamentalmente en el sector privado.

En su visión si no se reconstruyen las instituciones, la recomposición del país tomará no menos de 4 o 5 años, entendiendo que entre las prioridades que se deben atender está la reducción del déficit provincial, la estabilidad financiera y dar señales claras sobre las tarifas de servicios además de renegociar la deuda, mejorar los resultados fiscales y conseguir superávit en la cuenta corriente y la reconstitución del crédito.

En la senda

Fabio Giambiagi se mostró optimista sobre el futuro de su país, y sostuvo que con la devaluación del 99 (que tantos problemas trajo a Uruguay debido al dogmatismo de las autoridades uruguayas) «empezamos la mejor política económica de los últimos 50 años, ya que comenzaba la crisis argentina y era imposible no contagiarse de alguna manera». Explicó que lo que se buscó en aquel momento fue atacar problemas de inflación, de deuda pública y de balanza de pagos y que lo que se realizó fue un triple cambio», monetario, de política fiscal y cambiario».

Afirmó que «no hay nada intrínsecamente equívoco en la política económica y ahora se podría comenzar a sentir los primeros resultados positivos si no se cambia el modelo como pregonaron desde el PT».

Recordó que su país tiene superávit comercial, la composición de la deuda es más interna que externa, la falta de crédito externo no genera incumplimientos y existe un mercado interno para la colocación voluntaria de títulos.

La única similitud que encontró con la situación Argentina es que ha estado creciendo la relación PBI-deuda externa, pero la producción industrial ha aumentado considerablemente, las tasa de interés han caído de 26% a 8,5%.

Los problemas que tendrá Lula serán un aumento considerable del gasto público y el proceso inflacionario que se está gestando lo cual no permitiría al nuevo presidente cumplir con algunas de sus promesas ya que el gasto no puede continuar creciendo, así como la inflación debe detenerse.

Giambiagi definió al 2003 como «un año difícil» para Lula pero sostuvo que si no cambia el modelo que se ha venido desarrollando, tendrá un 2004 «muy bueno». *

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