POCO EFICIENTE

Agua y desperdicio ganadero: 15.000 litros para producir un solo kilo de carne

Mientras dos tercios de la población mundial no tiene acceso a suficiente agua potable para tener buena calidad de vida y nutrición, en los países más acomodados la gente no quiere dejar de comer carne, a pesar de que la industria ganadera está matando al planeta.

En todo el mundo, 2.300 millones de personas sufren escasez grave de agua potable durante al menos un mes al año o más. Más de 700 niños mueren al día en el mundo por diarrea debido al consumo de agua insalubre. Esos son datos proporcionados por la ONU en el Día Mundial del Agua, que se celebró este 22 de marzo. El lema de este 2019 es ‘No dejar a nadie atrás’ para garantizar el acceso y la gestión sostenible del agua, uno de los objetivos de la Agenda 2030.

¿Cómo podemos cambiar eso? Es muy sencillo: usando de forma eficiente el agua, y eso significa renunciar a algunos lujos de la vida moderna, como el consumo de productos cárnicos, una industria que está en el top tres mundial de las más contaminantes.

Foto: Pixabay
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La dieta vegetariana es la salvación

El acceso al agua es cada día más lejano para los más pobres, mientras que los sectores de los quintiles más altos de las sociedades del mundo pretenden seguir comiendo carne y lácteos a pesar de lo poco eficiente que son esas industrias en el uso del agua. Los datos son alarmantes, ya que un solo kilo de carne necesita 15.000 litros de agua para producirse, mientras que un kilo de trigo solamente necesita 1.500 litros.

Si se promedia la carne obtenida de una res en 325 kilogramos, para producir esa cantidad se habrán necesitado 4.875.000 litros.

La ganadería industrial también está afectando los océanos de todo el mundo: Los excrementos de las reses, también llamados purines, se almacenan y se usan como fertilizante para suelos agrícolas, que puede sonar como una buena idea pero no lo es. Resulta que la tierra tiene una capacidad limitada para absorber los nitratos que contienen los excrementos. Cuando este exceso de nutrientes -nitrato y fósforo principalmente- llega al océano, altera los ecosistemas causando zonas muertas, conocidas como hipóxias.

Según Greenpeace, las zonas muertas en los océanos han aumentado un 75% desde 1992 y en la actualidad hay más de 600 sistemas documentados.

Si seguimos así, para el 2030, 700 millones de personas podrían verse forzados a desplazarse o exiliarse en otros lugares distintos a sus originarios debido a la escasez de agua.

 

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