VÍCTIMAS

La discriminación que sufren los sobrevivientes de Fukushima

Un brutal accidente cambió la historia de Japón (y del mundo) para siempre, poniendo en duda la seguridad de las plantas de energía nuclear. El futuro de las personas que fueron irradiadas es incierto, y el presente horrible.

Planta nuclear de Fukushima. Foto:  Susanna Loof / IAEA
Planta nuclear de Fukushima. Foto: Susanna Loof / IAEA

El 11 de marzo de 2011, una serie de explosiones tuvieron lugar en la Central Nuclear de Fukushima, una de las 25 más grandes del mundo, ubicada en la costa de Japón. Fueron producto de una falla en los sistemas de refrigeración del combustible nuclear que produjeron uno de los mayores desastres de la historia, siendo comparable con el accidente de Chernóbil de 1986.

Cientos de miles de personas fueron evacuadas de las regiones aledañas, decenas de miles de animales fueron abandonados su suerte, muchos de ellos muriendo por la contaminación, y aquellas personas que fueron afectadas están sufriendo un doble castigo: mutaciones y malformaciones físicas y discriminación. 

De acuerdo a declaraciones del Shuntaro Hida, un testigo del desastre que se convirtió en el director del Centro de Apoyo de los hibakusha (aquellos que fueron afectados), más del 80% de los sobrevivientes del desastre, prefieren borrar y ocultar esta parte de su historia, para evitar ser discriminados.

Son tratados como monstruos

A la mayoría de los hibakusha son apartados de los círculos sociales, la gente no les habla, no los atienden en comercios e incluso a veces nadie les quiere rentar una casa o apartamento.

“Ser víctima del accidente es muy avergonzante”, explica Lee Jong Keun, un sobreviviente del desastre de Hiroshima, que decidió ocultarle a su familia – su esposa y sus dos hijas- que había estado expuesto a la radiación hasta el 2012.

Y es que la radiación no es un evento simple y de tiempo determinado, sino que causa estragos progresivos por años, a veces durante toda la vida.

En el agua del interior de las instalaciones de la planta, se registró un nivel de radiación 100.000 veces por arriba de lo normal. Los niveles de yodo radioactivo en el mar eran de 1.850 veces más de lo que permite la ley, había una fractura considerable por la que se filtraba plutonio y una contaminación marítima imposible de detener.

Países como España, Estados Unidos, Finlandia y -por supuesto- Japón fueron algunos de los países que declararon haber sufrido afectación por el accidente.

A los niños sobrevivientes les hacen bullying en las escuelas por el simple hecho de haber sido alcanzados por la radiación. Son cientos los casos de niños que son acosados en los centros educativos por haber sobrevivido. Cifras oficiales confirman que más del 80% de las víctimas son acosadas y excluidas de la sociedad por miedo -e incluso, asco- de que sean “mutantes”.

El Ministerio de Educación de Japón inició una campaña mediática para terminar con esta exclusión, ya que las personas afectadas no necesariamente son peligrosos para la salud de otros y no todos desarrollan mutaciones. El jerarca de dicha cartera declaró a la televisión nipona que quiere “que entiendan que sus amigos que fueron víctimas de los desastres, dejaron su hogar y están viviendo en un ambiente al que no están acostumbrados. Quiero que se pongan en su lugar y tengan compasión”.

Matsuno expresó que “espera sinceramente que se elimine totalmente el bullying en las escuelas”, hasta los momentos, el rechazo continúa.

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