Radiografía de un campeón
Hoy empieza a definirse el año futbolístico uruguayo y al otro día de conocido un campeón, el periodismo y la gente en general empezarán a trazar los lineamientos básicos de lo que podría nominarse como radiografía del campeón.
Hacerlo es de alguna manera un juego intelectual, un ejercicio del pensamiento.
Sin embargo, todo lo que a lo largo del año han hecho Danubio y Nacional para llegar a este momento, ya está hecho.
La radiografía, bien vale la pena que sea escrita hoy y no luego. El que gane, disfrutará del plus que tienen los equipos que ganan finales.
DANUBIO
Puedo equivocarme en el orden de aparición de la siguiente enunciación, pero tal cual lo escribiéramos hace algunas semanas, los franjeados tienen como pergaminos de campeón su condición de grupo apegado a rajatabla a los postulados colectivos.
Un conductor, Fossati, que le devolvió al equipo la credibilidad en sí mismo.
Le perfiló su condición de cuadro seguro de las cosas que tenía que hacer. Y las hizo.
Esa firmeza conceptual se trasladó inmediatamente al desarrollo del juego, con una asombrosa eficacia en tiempo y forma. Esto es, desde la llegada del nuevo entrenador, hasta conseguir el rendimiento proyectado en lo teórico, pasó apenas un suspiro.
Solidez defensiva, esfuerzo sin pausas en la mitad de la cancha para recuperar la pelota, salida prolija y en lo posible rápida, gran capacidad de «lectura del juego» para entender por dónde proyectar los avances y en qué momento y por dónde terminarlos.
El poderío ofensivo de este Danubio bien vale la pena que se lo juzgue por su inmensa capacidad de aprovechamiento de los recursos.
Mérito de Fossati ir descubriendo el momento exacto de cada delantero, y como paso contra Fénix, hacer la elección correcta: puso a Biaggio y el pampeano fue el goleador de la tarde. Otras veces, intuyó que Olivera estaba mejor y se jugó por la juventud y no por la experiencia.
La otra faceta importante de la ofensiva danubiana fue la capacidad de acierto de sus delanteros. Danubio probablemente haya sido el equipo con mejor promedio de goles respecto de llegadas al arco rival.
Esto es una ventaja que gozan, y disfrutan los equipos construidos desde un concepto de equilibrio, solidaridad, confianza, entrega y naturalmente talento. Con todo esto, bien se lo puede pensar Campeón al de Jardines.
NACIONAL
Con el «bolso» cuesta algo más encontrar las virtudes de un campeón, pero obviamente que las tiene.
Ocurre que lo mejor de su producción nos queda un tanto distante en el tiempo. Y esto no es un detalle menor.
Porque debe en esta hora «D» expresar todo lo que sabe.
Carreño goza como entrenador del grupo de futbolistas de mayor riqueza técnica individual del medio. Sin discusión.
Y con ello se puede hacer mucho. No en vano, el propio Carreño ha jugado con dos sistemas defensivos totalmente opuestos aun dentro de un mismo partido.
Nacional sabe defender con tres o con cuatro. Sabe jugar con un «cinco» a la antigua, o con dos volantes de contención y dos carrileros.
Puede jugar con un enganche o con uno bien definido y otro que acompañe, como Cassiano y Coelho.
Aunque no es lo mejor que tiene, ya le ganó a este mismo Danubio un partido por la Sudamericana, jugando con dos delanteros de esos que van «por adentro».
Es decir, Nacional tiene una riqueza intelectual del concepto de juego y una capacidad de ejecución que supera ampliamente la media del Uruguay.
Bien sabemos que hace rato su crisis interna no lo deja en jugar en paz, pero que si su técnico despeja su cabeza y las luchas intestinas de poder en el plantel quedan al costado, Nacional sabe que tiene todo lo que tienen los campeones. *
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