Con menos fue mucho más

Por MARCELO OLIVA

Mucho le costó a Aguada llegar a estas instancias finales del torneo Federal.

Con un plantel muy reducido, en nombres y con pocas figuras de clase A, sumado a un extranjero desconocido, Quincy Alexander, sin la envergadura física de los restantes, quien además apareció sin demasiados antecedentes valiosos.

Aguada argumentaba razones presupuestarias para conformar un plantel de estas características, con un nivel acorde a sus posibilidades. Pero quizás la escasa confianza que de un principio se podía pensar de este equipo, la fue olvidando con un conjunto que se ganó el respeto de todos los participantes, por jerarquía en momentos muy difíciles y con un técnico, Alberto Espasandín, que apostó al trabajo y se las ingenió para ser el equipo que le disputara el título al candidato único que tenía este Federal, Welcome, y que incluso quitó la posibilidad de comenzar con ventaja en la definición del título. Aguada siempre daba esa sensación de estar un escalón por debajo del resto pero la regularidad de un equipo que conocía sus virtudes y sus defectos al pie de la letra, sumado a su temple y a la sed inacabable de sus jugadores que siempre quisieron más, desde aquel comienzo donde derrotaron a Biguá en un partido que quizás otro equipo lo hubiera dado por perdido.

Soportó lesiones de momentos inesperados y una noche se presentó en el gimnasio del poderoso Welcome, con la baja nada menos que de Diego Losada y la de su técnico Alberto Espasandín por problemas de salud, pero sacó a flote una gama de recursos de jugadores que tuvieron su momento cumbre de la mano del «Tate» Vázquez.

Aguada dio claras ventajas en la ronda de los ocho, bajó el nivel, y le costó una serie de derrotas, poco esperadas.

Pero volvió a aparecer en la recta final y méritos tuvo su técnico, Alberto Espasandín, méritos que a esa altura eran más que suficientes puesto que no es sencillo manejar un plantel con tantas carencias con respecto al resto en esas instancias, pero que en todo momento mantuvieron vivas la llama sagrada que ostentan los grandes, fuego sagrado que le dicen y que evidentemente Aguada mantiene incólume.

Convengamos que debió transpirar más de la cuenta para dejar en el camino al increíble Unión Atlética en play off semifinales, elenco que realmente dio un dolor de cabeza, en partidos emotivos, sin tanta técnica, con un alto voltaje e incluso con resultado incierto, y que además con fallos arbitrales (aquella polémica jugada de Pereyra en la cancha de Aguada o la expulsión de White), pero nada le quita mérito a los aguateros.

Aguada, más allá del resultado final, tiene la gran satisfacción de que dejó el alma en la cancha, que fue el único que logró arruinarle dos veces en la fase regular a su rival, incluyendo de visita.

Que quede claro que Aguada tiene merecido el lugar que hoy ocupa, por méritos propios, porque nadie le regaló nada y que de cortar la red no extrañaría a nadie

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