Importancia y consecuencia de los contratistas en nuestro fútbol

Quizás como nunca en nuestra historia, la dependencia de estos modernos operadores futbolísticos determinan el destino de nuestro máximo deporte. Con una injerencia profunda y de características inusitadas, donde sus determinaciones resultan definitivas para la posteridad del proyecto futbolístico en cierne.

Ante el supuesto alejamiento del más notorio de todos, Francisco Casal se produce un vacío de poder muy difícil de emparejar. Creemos que el ex futbolista de Defensor, Fénix y Vasco Da Gama, marcó a fuego con una grifa indeleble, personal e inimitable, una profesión que lo distingue en el mundo entero, quizás como el más exitoso. Aun en las discrepancias, lejos de las obsecuencias escandalosas que lo tienen como destinatario, produjo una revolución en nuestro fútbol difícil de igualar.

En el horizonte de sus posibles remplazantes, el independentista Pablo Bentancour surge con un perfil muy personal, avalado por una trayectoria transparente y creativa que busca una consecuencia definida. Por lo menos es lo que muestra seguramente que el tiempo será el fiscal implacable, donde el poder irrestricto, secundado por una economía floreciente, avalarán consecuencias que involucran jugadores, técnicos, jueces y dirigentes. Donde una afición, cada vez más descreída, le subirá o le bajará el pulgar sin ninguna misericordia.

Posiblemente, de la elección de su entorno dependerá el éxito o el fracaso de su función. Habría que conocer también, cuál es su relacionamiento con la AUF, la Mutual de jugadores y de árbitros, si sus metas son sólo económicas o por el contrario, tratará de conciliar todas las partes en pugna.

Pues Bentancour conoce muy bien los códigos, ante un primer agachón solapado quedará al descubierto, mediante documentación constatable. La transparencia moral de una trayectoria adecuada, lejos de «amistades peligrosas», lo podrán llevar al cielo o al infierno, dependiendo sólo de su propio criterio.

Este momento tan especial, donde la franja de la recesión, luego del Mundial, se vuelve cada vez más profunda, pareciera también que el Disney-fútbol de los italianos, ya fue. Las plazas reales son muy limitadas, el fenómeno «Casal» a esta altura parece irrepetible.

La opción parece muy clara, o se vuelve a una estructura convencional o desapareceremos de los campeonatos donde juegan los mejores del mundo. Forjar escuelas de fútbol reales, con verdaderos idóneos en la materia requiere de un elevado sentido de elegir a los mejores para enseñar.

Hay que intentar no acumular derrotas y postergamientos, que desilusionan y alejan al público de las canchas. Tampoco creer que bajo estas mismas circunstancias los resultados son inmediatos, se requiere de cinco a diez años para proyectarse con mínimas condiciones ideales para que la celeste represente una fuerza competitiva a nivel internacional como requiere la historia. *

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