Bajó el telón
YOKOHAMA, AFP
Un centenar de geishas y decenas de ninjas despidieron ayer el Mundial Corea del Sur y Japón en la ceremonia de clausura en el estadio Internacional de Yokohama, mientras se esperaba la final de la Copa del Mundo. Mientras miles de hinchas iban llenando las gradas con los colores de los países anfitriones presidiendo la escena, los pabellones de los 32 países que jugaron la Copa fueron cayendo como cascada por las gradas hasta tocar el piso.
Cuatro altares de fiesta mikoshis eran llevados en andas, mientras un centenar de geishas, vestidas con sus tradicionales kimonos, avanzaron a lo ancho del campo de juego dando paso a inmensas banderas de los protagonistas de la final, llevadas por decenas de voluntarios.
Tras abrirse paso, agazapados ninjas vestidos de negro, desplegaron un inmenso globo formando un monte Fuji, el más alto de Japón, en el centro del campo, mientras sonaba como un trueno el inmenso tambor tradicional Odaiko.
Antes del himno oficial en versión tecno, los espectadores escucharon los cantos nacionales de ambos países anfitriones. La corta fiesta fue presidida por el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, desde una tribuna de honor, junto al emperador Akihito y el presidente de Corea del Sur, Kim Dae Jung.
Después de la tradición, llegó la hora de la música pop y cantantes coreanos y japoneses cantaron a dúo aplaudidos por todo el estadio, en el que los colores auriverdes eran clara mayoría. Para dar por terminada la simpática ceremonia, los voluntarios que fueron fundamentales en la organización del Mundial, doblaron las banderas y salieron de la escena saludando con la mano.
73.370 privilegiados asistieron a la final, entre los que se cuentan 1.700 periodistas, según informó la FIFA. Solamente 66.370 personas pagaron sus entradas, las otras plazas corresponden a la prensa, a las fuerzas de seguridad y a los invitados «VIP». El récord de espectadores en una final del Mundial continúa detentándolo la de 1950. Más de 174.000 personas colmaron el estadio de Maracaná en Rio de Janeiro, el 16 de julio de aquel año, para presenciar el «Maracanazo».
La publicación británica New Scientist calificó como positiva la afirmación de que los árbitros se dejan influenciar por los parciales locales en los campos de juego, de acuerdo a un estudio dado a conocer por la universidad de Wolverhampton. Sometieron a 40 árbitros a una prueba que consistió en ver la grabación de video de un partido: la mitad lo vio sin sonido, mientras la otra podía escuchar los gritos del público. De acuerdo al resultado de esta experiencia, los que escucharon a los aficionados fueron más reticentes a sancionar al equipo anfitrión, mientras que los «sordos» señalaron un 15% más de faltas locales que sus colegas.
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