TRISTEZA ALEMANA POR DERROTA EN LA FINAL

Fiesta frustrada

BERLIN, (ANSA)

 

La mayoría de los simpatizantes alemanes emprendieron en silencio y con amargura el regreso a casa luego de Brasil frustrar la fiesta, aunque algunos grupos celebraron en las calles.

«El equipo puede regresar con la cabeza en alto», dijo a su vez desde Yokohama, Japón, el presidente alemán, Johannes Rau, tras la derrota de Alemania en la final del Mundial 2002. «Estoy orgulloso del fútbol alemán. Fue una gran actuación del seleccionado», agregó Rau, mientras que el premier Gerhard Schroeder afirmó que Alemania «jugó un partido fantástico», aunque en el 2006 «se podrá mejorar mucho», agregó.

El ministro del interior y de deportes, Otto Schily, en cambio, se mostró desilusionado por la derrota, pero dijo estar convencido de que la selección de Rudi Voeller ganará el título en 2006, cuando sea anfritrión.

Para el ex campeón del Mundo en 1990 Lothar Matthaeus, el papel de Alemania fue «formidable», aunque lamentó los errores de Oliver Kahn y Dietmar Hamann que costaron los goles de Brasil. Hoy está prevista una gran fiesta en Francfurt para recibir a la delegación alemana procedente de Japón, que seguramente contará con el respaldo masivo de simpatizantes.

Silencio cómplice

En Berlín, las calles habían quedado desiertas entre las 13 y las 15 (hora local en que se desarrolló el encuentro) y la mayoría de los simpatizantes se reunieron frente a algunas pantallas gigantes y en bares y pubs del centro.

Muchos jóvenes, lloraban desconsolados por la derrota 2-0 frente a Brasil, que le impidió al seleccionado germano obtener su cuarto título. Pero algunos pequeños grupos también cantaban y victoriaban al equipo resaltando el rendimiento. En una de la plaza Postdamer, un grupo de brasileños festejaba alborotados frente a la pantalla gigante, rodeados por la impasible indiferencia de 120 mil alemanes que se desconcentraban en silencio.

Luego del partido, el centro quedó vacío rápidamente y sólo quedaron algunos nombres de calles tapados por carteles con los nombres de Rudi Voeller y Oliver Kahn, que humorísticamente habían instalado los simpatizantes, en agradecimiento a lo hecho en Corea-Japón por el DT y el arquero. La imagen del desconsuelo también imperó en Hamburgo, donde 70 mil personas se reunieron en la céntrica plaza St. Pauli para ver el partido.

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