DE NORTE A SUR BRASIL FESTEJA EL TRIUNFO EN EL MUNDIAL

"Alegría não tem fim"

RIO DE JANEIRO, (AFP)

 

El triunfo de la selección brasileña de fútbol en el Mundial-2002 que se disputó en Corea del Sur y Japón, tras imponerse ante Alemania 2-0 en la final, fue festejado en todo el país con las más variadas manifestaciones de alegría.

Desde Blumenau (sur), la capital «germánica» de Brasil, pasando por la gran metrópoli Sao Paulo (18 millones de habitantes), hasta la emblemática ciudad turística de Rio de Janeiro, las calles se transformaron en una sola fiesta.

En Blumenau, incluso la mayoría de los 100.000 habitantes de origen alemán sobre un total de 250.000, celebraron bulliciosamente el quinto título mundialista de la «seleção», a la sombra del Castelinho Moellmann (réplica de un castillo germano del siglo XIX).

Los paulistas de fiesta continuada

Tras el pitazo final del partido, centenares de automóviles cubiertos con banderas brasileñas hicieron sonar sus bocinas y recorrieron el centro de la ciudad, donde los altavoces difundían la canción «Brasileirinho», un clásico popular.

Junto al castillo Moellmann, que estaba engalanado con los colores de Brasil y Alemania, 2.000 personas siguieron el partido en una pantalla gigante instalada por la alcaldía.

Los habitantes de la ciudad apoyaron con pasión a la «seleção», mientras no dudaban en acercarse a los barriles de cerveza instalados en los «bierwagen» con los colores de ambos finalistas.

En tanto, en Sao Paulo, el festejo se centró en la gran avenida Paulista, que atraviesa el centro financiero de la ciudad. Miles de hinchas tomaron literalmente la Paulista, inundándola de amarillo y verde (los colores nacionales), para lanzar petardos de estruendo acompañados del sonar de bocinas, baterías, gritos y baile al tropical ritmo de el samba. En la avenida Paulista miles de ansiosos brasileños vieron el juego ante una gigante pantalla y contuvieron el aliento hasta entrada la segunda parte, cuando anotó el primer gol del «fenómeno» Ronaldo, a los 67 minutos.

Rio de Janeiro a puro samba

Por su parte, en Rio de Janeiro, que durante el desarrollo del partido se tornó en una ciudad desierta pues la mayoría de cariocas prefirieron seguir el juego por televisión en sus hogares, la fiesta también estalló con el pitazo final.

Sólo en los pocos puntos de la ciudad donde las autoridades locales junto con empresas privadas habían dispuesto pantallas gigantes para seguir el partido, se concentraron algunos grupos de hinchas que siguieron casi con devoción cada jugada. En su mayoría vistiendo la camiseta amarilla y verde, y provistos de pequeñas cornetas plásticas, esperaron con angustia hasta que Ronaldo marcó el

primer gol. Pero sólo con el segundo gol de Ronaldo, al minuto 79, los cariocas respiraron tranquilos y empezaron a sentir en sus manos el tan soñado pentacampeonato.

Inmediatamente la explosión fue total: los fuertes gritos salidos de lo más profundo de las gargantas de los hinchas retumbaron en toda la ciudad. El coro de «campeones, ganamos, somos pentacampeones», fue ahogado por el sonido de las bocinas de los automóviles y de las cornetas sonando hasta rabiar. Todas estas diversas y ruidosas manifestaciones de alegría se mezclaron con un elemento que no podía faltar y que caracteriza cualquier fiesta brasileña: el samba. La «batería» de la popular «escola» Salgueiro, acompañada de fuegos artificiales, desató una gran fiesta por las calles de Tijuca, un barrio de clase media de la zona norte de la ciudad en el que se concentraron unas 10.000 personas.

Similares manifestaciones de júbilo se dieron en otros puntos geográficos como Salvador Bahía (nordeste) y Belén do Pará (Amazonía). Dado que el gobierno no decretó día festivo el lunes, como algunos hinchas lo esperaban, éstos debieron aprovechar el domingo para celebrar el «penta».

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