¿Qué te pasó, Peñarol?

Fue la maldición del Tahuichi. Tres a cero en veinte minutos. Tres a cero que lo clasificaba para la siguiente ronda de la Libertadores. Tres a cero que le colocaba a los carboneros 450.000 verdes noteamericanos en su caja fuerte. Tres a cero que finalmente y en forma poco creíble se transformó en un tres a tres con aroma de derrota.

Nunca, ni siquiera en la década del sesenta, cuando fueron tres veces campeones de la Libertadores, los carboneros en el exterior arrancaron ganando un partido de Copa tres a cero a los veinte minutos de juego. Le soy sincero que pensé, y creo que todos los que estaban viendo el partido por televisión también lo hicieron: Peñarol está clasificado. Goleaba, jugaba bien, tenía el dominio de la pelota y vislumbré la goleada final. Gran trabajo ofensivo, con un Martín García estupendo y con el «Gamo» Franco imparable e insaciable. El moreno piloto las quería todas. En el medio Giacomazzi era un volante de presencia, Cedrés se adueñó de todo el sector derecho. Bengoechea pistoneaba por la izquierda cerca y Pacheco buscaba el gol de su vida.

Godoy juega su partido

El partido estaba dominado. Peñarol mandaba en todos los sectores. Jugaba bien arriba, además de los tres goles le anularon uno de chilena al Tony, bien anulado. Pero el señor Godoy juega su partido. Inventa un penal que no existió. Gutiérrez entra al área y cuando pierde la pelota se tira en la «piscina» y llega el descuento. Si bien es cierto que Peñarol seguía al frente en el marcador, ese gol de penal convertido por Antelo lo revivía en el partido.

Goles errados son…

Vieja frase del doctor César L. Gallardo, «goles errados son goles en contra». Eso fue lo que le pasó. Una vez, otra más se fueron dando chances de «casi goles» para Peñarol. Pacheco se lo perdió de cabeza, Franco no puede con Arias cara a cara, el travesaño por dos veces dice no. El propio Bueno, cuando el partido estaba 3 a 2, tuvo el cuarto pero nuevamente ganó el portero boliviano. No se puede marrar tantas chances de gol, eso generalmente termina en un dolor de cabeza. Eso fue lo que finalmente aconteció en la caliente Santa Cruz. Peñarol terminó con un fuerte dolor de cabeza. Ahora vendrá Boca en su famosa Bombonera y habrá que esperar algún favor de los chilenos de la Católica, cuando enfrenten al Blooming en San Carlos de Apoquindo. Arrancó para tener una noche inolvidable y terminó sufriendo. Así es el fútbol. Esa película dos por tres la ponen en escena.

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