Lo que queda de una eliminación; Uruguay fuera del Mundial

Por Ricardo Piñeyrúa

 

El partido ante Senegal nos dejó un gusto variado, tristeza por quedar fuera del Mundial, un cierto orgullo por la reacción del equipo en el segundo tiempo y el empate casi victoria final que incluso nos ha hecho confundir el resultado del partido con una victoria.

Es que realmente el partido ante Senegal tuvo sabor a victoria, porque no fue allí donde perdimos la clasificación. Uruguay no quedó eliminado ante Senegal, seguramente fue ante Dinamarca, donde debió ganar y no lo hizo, y además no dio sensación de querer hacerlo un rival accesible.

La búsqueda permanente del gol que mostraron los celestes en el segundo tiempo ante Senegal, la agresividad en la presión en el campo rival, ante un rival incluso más veloz, hubiese sido incontrolable para Dinamarca.

Seguramente se fue excesivamente cuidadoso ante Francia y aun teniendo un hombre más no se buscó la victoria con más decisión, pero en ese partido la actitud de Uruguay estuvo condicionada por la derrota ante Dinamarca.

En este caso, el empate nos llevaba a una definición en el último partido y parecía lógico no arriesgar más, sobre todo cuando en el partido anterior no se lo había hecho.

Siendo realistas hay que reconocer que era muy factible no pasar la primera rueda. Es por eso, que más allá de la frustración de no seguir adelante, pese a las muchas críticas que la participación de Uruguay en el Mundial generó y generará, hay un sedimento positivo, sobre el que hay que construir.

Lo más importante es la experiencia ganada en este proceso de eliminatorias y finales del Mundial, que hay que aprovechar y que ayudará en las próximas. Experiencia institucional y fundamentalmente la deportiva adquirida por los jugadores en su primer Mundial. Hay hoy una generación que aprendió del largo camino hacia el Mundial, que sabe lo que es el máximo torneo del mundo y que podrá jugar mayoritariamente ambos eventos y transmitirle a los nuevos que lleguen ese conocimiento.

Esa generación tiene buenos jugadores, pero en el Mundial se jugó mal al fútbol, hay personalidad pero se la usó mal y además se trabajó poco y eso hacía que colectivamente Uruguay apareciera como un equipo sin propuesta.

Queda la constatación de que los jugadores uruguayos pueden rendir físicamente hasta el minuto 90 o más y que no son menos, físicamente que otros, que no debe haber excusas, que se puede y es todo un problema de la cabeza.

El Mundial deja de conocimiento colectivo que cuando no se quiere no se gana y que obligado se llega al gol y se juega en campo del rival, como el segundo tiempo ante Senegal.

Por lo que hay que dejar de ser timoratos y pensar sólo en el cero en nuestro arco y animarse, que sólo así se consiguen cosas.

Queda claro que hay que trabajar más, que el nuevo técnico tiene que ser de personalidad fuerte, pero abierto a la sociedad y a sus jugadores, que ayude al equipo a ser más agresivo, presionar la pelota, cuidarla y saber qué hacer en cada caso, en cada centro, en cada corner o tiro libre.

Queda la convicción de que no se ha visto en el Mundial un jugador como Recoba, que tiene el límite de su propia convicción y entrega y que el día que quiera puede ser estrella en un Mundial. Queda mucho, es responsabilidad nuestra aprovechar, y no perder el tiempo como siempre en acusaciones y disputas de tendencias entre los de éste o los de aquél, sin pensar en lo que se hizo bien y mal, para planificar el futuro.

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