EL LIBRO DEL PICAFLOR

— ¿Cómo reaccionaron los dirigentes, Troquílido, después del baldazo de agua fría que les arrojó el Kaiser Passarella?

— Diez puntos en once, como dice Sánchez Padilla. Nadie abrió la boca; nadie fue a la Asociación a requerir información. Para los dirigentes –léase presidentes o delegados de clubes– en el fútbol uruguayo no ha ocurrido absolutamente nada.

— No, no, no, déjese de embromar. Eso no se lo cree ni un bebe de pecho.

— Déjese de embromar usted. El Picaflor estuvo anoche hasta las 21 y 30 en la Asociación y le puede asegurar que no pisó ningún presidente de club de primera ni de segunda división; ningún delegado, interesado por la bomba que detonó Daniel Passarella.

— ¡Cómo han cambiado los tiempos!

— ¡Si habrán cambiado los tiempos! En otras épocas, cuando los dirigentes del fútbol uruguayo mandaban realmente, lo que hizo Passarella el miércoles de tarde en la Posta del Lago, hubiera generado una crisis profunda y el Consejo Ejecutivo, por lo pronto, a esta altura hubiera sido boleta. Lo que pasa es que está todo prendido con alfileres, el poder real no está en Guayabo 1531 sino en Carrasco, en la calle de la obra genial de Dante Alighieri.

— Los neutrales no dijeron nada.

–El doctor Almada fue el único que asistió y se excusó por la prensa. El miércoles de noche, minutos después que Passarella había anunciado que hacía las maletas después del partido en Asunción, el secretario general fue reporteado por el colega y amigo Daniel Banchero y le dijo que no tenía conocimiento de la renuncia del Kaiser.

— ¿Estaba como el extinto doctor Chiarino?

— Sí, sí. Almada le reconoció a Banchero que iba a su casa a mirar la grabación de la conferencia de prensa porque no había podido asistir y como Figueredo se embarcó a las cuatro de la tarde y no les había informado a sus pares el tenor de la reunión con Passarella, ningún neutral sabía nada. El economista Ache tampoco asistió aunque brindó declaraciones para Canal 4 y expresó su sorpresa por la decisión de Passarella. Damiani Jr estaba en Buenos Aires, por lo que se debe de haber enterado por la prensa de la decisión del técnico argentino, lo mismo que Pastorini que está de vacaciones en México. Imagínese usted que si los neutrales se enteraron por la prensa — salvo Figueredo los demás no estaban al tanto de la reunión– qué puede esperar de los presidentes y los delegados de los clubes.

— Hasta que Paco Casal no les dé la partitura, ninguno va a abrir la boca, ¿no?

— ¡Por supuesto! ¿Quién va a arriesgarse a opinar en contra de la decisión de Passarella siendo éste el buque insignia de Tenfield S.A. de ese proyecto renovador, trasformador del fútbol uruguayo que ahora los uruguayos se dieron cuenta que era una burla para los hinchas del fútbol? Hasta que Casal no abra la boca y oriente con su discurso a sus acreedores, nadie va a decir nada, más allá del discursito tradicional de la sorpresa que generó la noticia que dio el Kaiser.

— ¡Cómo han cambiado los tiempos!

— Lo triste es que los tiempos cambiaron para peor. Si alguna duda quedaba que los dirigentes están más pintados que mameluco de chapista, el episodio de Passarella es el botón de la muestra. ¡Pensar que los clubes apostaron al proyecto de Casal porque era la persona idónea, seria, responsable, para dirigir un proyecto transformador del fútbol uruguayo!

— Perdón, perdón, tirá la cadena que no aguanto más.

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