Ghiggia remató medallas de su glorioso pasado deportivo
El dolor de los dedos de la mano cuando escribimos en la computadora esta noticia –que recorrerá el mundo– es abrumador.
El campeón del mundo, Alcides Edgardo Ghiggia, debió desprenderse de varios recuerdos que atesoraba de su glorioso pasado deportivo y remató varias medallas para lograr ingresos que le permitieran solucionar problemas impostergables de la economía familiar que en esta época de crisis no tiene contemplaciones con nadie. Ghiggia, que pasó a la historia por haber convertido uno de los goles con que la Selección de Uruguay escribió la epopeya futbolística más grande que el mundo reconoce –el Maracanazo– con mucha pena pero con gran hidalguía, decidió llevar a una conocida firma de plaza una medalla de su pasado por el fútbol de Italia y otra que recibió en 1976 por parte de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Cuando la crisis golpea ante la indiferencia de todos los estamentos de la sociedad y del fútbol en particular, el campeón del mundo no dudó en recurrir a su acervo personal para lograr los recursos que necesitaba en vez de ir a golpear puertas para pedir una ayuda.
AUF no tenía plata para comprarlas
El remate de las medallas de Ghiggia, generó un interés importante entre los coleccionista que se dedican a los artículos vinculados al fútbol uruguayo pero el alto precio de las preseas, marginó a muchos fanáticos de la subasta.
Un coleccionista que tomó conocimiento del hecho, pero que no estaba en condiciones financieras de adquirir las mismas en el remate, informó a LA REPUBLICA que autoridades de la AUF fueron advertidas de la subasta pero rechazaron la propuesta porque la misma no tiene en caja dinero disponible para una inversión de esta naturaleza. La misma fuente informó a esta página deportiva que una de las medallas fue rematada en más de U$S 1.600 y según trascendió en el ambiente, fue adquirida por un funcionario de la empresa Tenfield SA, para evitar que el acervo histórico de nuestro fútbol saliera fuera de fronteras.
Cabe destacar que los campeones del mundo, han expresado públicamente el más amplio reconocimiento a los directores de la empresa que posee los derechos del fútbol uruguayo que, en forma permanente, está ayudando a los sobrevivientes de la epopeya de Maracaná. Cuando el fútbol está de fiesta y los dirigentes uruguayos desfilan por las marquesinas del mundial, prestigiados por la gloria que entre tantos gestaron tantos buenos futbolistas, uno de ellos, Alcides Ghiggia, tiene que rematar sus tesoros para enfrentar con un poco de dignidad su vida.
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