Coreanos y japoneses ganaron por destrozo mundial de la tecnología
En el mundial está todo programado y nada puede fallar. Se pensó en el detalle mínimo que usted se pueda imaginar, incluso en la preocupación de que a los participantes no les falte el aliento. Las autoridades dispusieron que voluntarios apoyen a distintos combinados y para eso se les reparten camisetas con el color de dicho país y un instrumento musical parecido, valga la comparación, a una pandereta con mango que la golpeás con un trozo de madera corto. Esquemático y a veces aburrido es el sonido que logran acompañado con el nombre de la selección. Siempre están detrás de los arcos y sumados a los verdaderos hinchas que llegan de ese país, componen una barra que a través de la televisión deja la imagen de una tribuna llena de simpatizantes con los colores respectivos.
Con Uruguay, los coreanos voluntarios no tuvieron mucha suerte, ya que la barra celeste prefirió alentar con los cánticos habituales de nuestro país.
Por esa razón el aliento a Dinamarca opacó a los muchachos celestes.
Pero quién les quita el haber cantado en Corea: «No importa en qué cancha juguemos, a la celeste la sigo a donde va». Lástima el resultado final del partido.
Tableros gigantes
Los tableros electrónicos en los estadios son una verdadera maravilla. Inmensos de grande todos cuentan con una pantalla gigante que emite el partido en directo y puede ver el «replay» de la jugada, si en ese momento justo miró otra cosa. La fidelidad de la pantalla es insuperable y los coreanos se jactan de los logros obtenidos en tecnología.
El estadio de Seúl tiene dos pantallas, una en cada cabecera y realmente desde cualquier lugar usted tiene la posibilidad de ver la jugada aumentada y de mejor calidad que un cine. Los que llevan las de perder son los árbitros pues pueden ser juzgados por el público. Aunque si la jugada es muy polémica, puede suceder que no la repitan.
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