El Libro del Picaflor

– ¡Cuánta razón le asistía a usted!

– ¿Vio? ¿Qué van a decir ahora los que tocaban el bombo y desmentían a los pocos periodistas que decían que el ciclo de Passarella fenecía?

– Goñi reconoció anoche en Telenoche 4 que se había equivocado. «Nobleza obliga», reconoció el relator.

– Esto habla muy bien de Máximo Goñi. En el fondo, él estaba convencido de que Passarella no podía irse antes de finalizar su contrato pero los que sobrevuelan todos los días la cocina del fútbol y le toman la temperatura a los hechos que ocurren día tras días, sabían que la historia del Kaiser iba a tener un final abrupto. Inesperado.

– Y su amigo Figueredo, ¿qué dice ahora?

– Figueredo viajó a Estados Unidos, tal cual lo tenía previsto. No lo hizo la semana pasada por razones de cupo y porque el doctor Pastorini, le ganó de mano y viajó a Cancún por 15 días. Para no dejar sola la AUF – Almada es el único que va todos los días porque Ache y Damiani van de vez en cuando a las sesiones del Ejecutivo- Figueredo postergó su viaje lo que determinó que fuera testigo presencial de la detonación que hizo Passarella. ¿Sabe una cosa?

– No tengo conocimiento como decía Chiarino.

– Mire, en el fondo, Figueredo va a recuperar la esperanza. En su conciencia, él sabía mejor que nadie que el proyecto de Passarella no tenía pie ni cabeza. Balconeaba la situación porque sabía que la realidad iba a ponerle final a esta irracionalidad, esta locura utópica, de traer a Passarella a dirigir a la selección uruguaya. En el verano, Figueredo comentó a sus amigos que iba a apretarle las tuercas al Kaiser porque se daba cuenta que estaba «robando la plata», como lo reconoció el técnico ayer durante la conferencia de prensa. En más de una oportunidad, cuando Passarella daba a conocer las listas con las citaciones de los jugadores, el presidente de la AUF sacudía su cabeza, asombrado, por la presencia de algunos jugadores que no jugaban ni a la bolita en Europa. Bancó calladamente, porque sabía que la farsa iba a terminar, apenas comenzaran las eliminatorias.

– Passarella justificó su decisión en que le cambiaron las reglas de juego y los dirigentes no le cantaron la justa.

– Esa una excusa infantil, que no resiste el menor análisis. La misma tendría validez si los restantes nueve colegas que dirigen las selecciones del continente, hubieran renunciado como lo hizo el Kaiser. Pero hasta el momento, único entrenador que abandonó el barco, en pleno oceáno, fue Passarella. Esto, lo deja muy mal parado a él y ni que hablar, a sus amigos de Tenfield S.A. que creyeron que habían inventado la pólvora cuando lo trajeron y le iban a poder vender espejitos a los uruguayos.

– Pero mire que la afición deportiva, nunca se identificó con la selección de Passarella.

– Porque la gente, no es boba. Con los equipos de Púa, existe un feeling especial, el hincha se identifica con ellos porque es el equipo del «Gordo» piola, el muchacho del barrio que nunca cambió. Con la selección de Passarella, la gente nunca se identificó porque el entorno, el proyecto del que tanto hablaron y nunca escribieron una sóla línea, era una entelequia, no existía. Los hechos le han dado la razón al Troquílido.

– Que Passarella me perdone pero yo pienso que él debe de haber arreglado algo en Europa; de ahí que haya abandonado el barco en la mitad del recorrido.

– La versión que le pasaron a El Picaflor es que Passarella, con su amigo Casal, cocinaron todo para su vinculación al Milan de Italia. Por ahora, es sólo un rumor. Habrá que esperar hasta julio, cuando se abra el mercado italiano para saber si se trata de una burda mentira o una verdad más grande que el Estadio Centenario…En Argentina, hace tiempo que venían anunciando la renuncia del Kaiser y que su futuro estaba en Italia. Lo primero, se confirmó ayer, lo segundo, será cuestión de esperar. El tiempo, sigue siendo el juez inapelable en la vida.

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