SAN LORENZO DE ALMAGRO

La historia vuelve a repetirse

Uno de los equipos de fútbol más populares de la vecina orilla –San Lorenzo de Almagro–, primero en el Torneo y exitoso participante de la Copa Libertadores del 2000, se vio sacudido una vez más por una tragedia con uno de sus defensores como protagonista principal: el suicidio del joven y talentoso Mirko Saric, de apenas 21 años.

No es la primera vez que el popularísimo elenco de Boedo, en el que a través de los años han participado con buen suceso jugadores uruguayos (Sergio Bismark Villar, «El Loco» Abreu, Matosas (h), etc.) vive de cerca circunstancias tan trágicas con alguno de sus defensores, enlutando una semana de festejos para el club, dado que el 1º de abril había cumplido 92 años de existencia con ruidosa celebración entremedio.

Entidad de cuya camiseta azulgrana son apasionados hinchas muchos famosos, caso de Tinelli, Pinky, Susana Giménez, Valeria Mazza, como así también el cantautor Víctor Heredia, voz oficial de su himno, San Lorenzo de Almagro tiene también en Uruguay no pocos adeptos, a los que a veces se ve por las calles o en canchas de fútbol luciendo su clásico atuendo.

Un periodista argentino, Martín Sánchez, revivió estos días la historia del drama que, desgraciadamente en varias oportunidades, ha rodeado la extensa y exitosa vida de la entidad que hoy día preside Fernando Miele, alma mater en la construcción del espectacular «Nuevo Gasómetro» del Bajo Flores, tras la penosa pérdida por parte de la institución, hace algunos años, de su inolvidable Estadio de Avenida La Plata, por donde desfilaron glorias de «El Ciclón».

En 1981 mientras tenía su pie en agua y sal (remedios de viejos tiempos para un futbolista), al encender un televisor murió fulminado Hugo Osvaldo «Tomate» Pena. Cuatro años después asaltado en la puerta de su domicilio, perecía Jorge Pedro «Chino» Coudannes, que también había militado en River, Estudiantes y Talleres de Córdoba. Ya retirado de la actividad, otro histórico del Club, Narciso «Loco» Doval, cayó muerto de un infarto en la puerta de la disco New York City. El 18 de julio del 99, moría luego de tres años de sufrimiento Ruben Bernucio, un pibe que había «pintado» muy bien, accidentado tres años antes en una moto. La historia trágica de jugadores sanlorencistas incluye también el balazo sufrido por su delantero Victorio Casa en el 76, cuando la Escuela de Mecánica de la Armada hería o liquidaba argentinos sin el menor reparo, lo que lo dejó manco, sin olvidar la bomba que explotando en el vestuario de la institución, le costó un brazo al jugador Claudio Zacarías.

Ahora, el suicidio del chico Mirko Saric, un juvenil hijo de croatas radicados en Argentina, al parecer deprimido por estar inactivo a consecuencia de una seria lesión, agrega a los «Gauchos de Boedo» una nota de dolor tremendo, señalando de pronto una omisión de las entidades deportivas, en torno al apoyo psicológico que muchas veces debe darse a defensores en condiciones como la de este prometedor jugador, por el que no hace mucho se habían manejado cifras de venta realmente espectaculares.

El fútbol de hoy, con su calesita de ilusión, con las posibles ventas en cifras astronómicas que se anuncian y a veces se concretan, puede llevar a situaciones como esta de Mirko Saric, ahora descansando para siempre en el Cementerio de Flores, ¡vaya coincidencia! allí muy cerca del Estadio donde había dado sus primeros pasos en el fútbol y tejido un anhelo de triunfo, que últimamente había pensado con angustia se le escapaba para siempre de entre las manos.

La tragedia se ha concretado. Pero ojalá muchos dirigentes de uno y otro lado del Plata tomen las precauciones para que en el futuro, sobre todo a escala de divisiones formativas, hechos tan tristes como el de Mirko Saric, un niño aún, no vuelvan a ocurrir.

Marcelo Caneiro

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