Un sentimiento durísimo, el fútbol

La muerte de Mirko Saric, que aparentemente no soportó la presión, de ese entorno tan poco misericordioso, que rodea al más popular de los deportes en el mundo entero, nos desestabiliza emocionalmente y ante semejante tragedia la realidad nos da un tremendo cachetazo. Conmociona y lo que es peor desnudan propósitos familiares y amiguismos intencionados donde todos quieren ser amigos del crack en ciernes, para proyectarse, aunque sea virtualmente en función de las actuaciones del mismo.

Quienes por experiencias de vida deportiva, compartimos varias generaciones, hemos sido testigos de verdaderos dramas, donde las consecuencias no fueron tan tremendas, por una simple situación casual o quizás por un temple diferente. Que hicieron postergar decisiones extremas, cuando el triunfo y sus consecuencias se alejan, cuando las postergaciones se hacen continuas, cuando las tabas no funcionan, cuando escasea «el bento» y parafrasendo la letra del tango; la fama es puro cuento; cuando generalmente no viene acompasada con una generosa cuenta corriente, que atenue de cierta manera esa caída libre donde nos precipitamos los ex futbolistas, por ese precipicio vacío, de ilusiones y desesperanzas.

Pero lo que alarma, es este sentimiento nuevo insertado por estos modernos operadores futbolísticos, que al igual que sus pares, modernos evangelizadores espirituales, ilusionan, usan, fortalecen esperanzas, forman ídolos inconsistentes, crean expectactivas de grandes cosechas en la aridez de un desierto, en jugadores que muchas veces tienen dificultad hasta para tirar un out-ball. Los patrones habituales de desesperanza y angustia, que eran solo patrimonio de los futbolistas en trámites jubilatorios, también se apoderan de los noveles futbolistas, donde tanta presión, no les permite desarrollarse y mucho menos disfrutar una profesión tan apasionante como es el fútbol. Acá, la responsabilidad es netamente familiar, la cautivante esperanza de tener un crack en casa, ejerce una influencia muy poco saludable en esa infinita capacidad de ilusionarnos que tenemos los padres. La posibilidad de éxito paralelo de lo deportivo con lo económico, excede en mucho la inexistente y estúpida probabilidad de sacar un cinco de oro. Para evitar, una tragedia similar a la del futbolista de San Lorenzo, deberemos establecer, en nuestros jóvenes atletas, la idea básica de que un triunfo o una derrota es nada más que eso. Que con el fin del partido, también se termina todas las implicancias psicológicas.

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