El Libro del Picaflor

— Troquílido, me imagino que ayer con la lluvia, debe de haber suspendido sus vuelos rasantes, ¿no?

— ¿Por qué?

— Nunca vi a un picaflor desafiar un temporal. No mienta porque le va a seguir creciendo la nariz.

— Ta loco usted. El Picaflor pese al temporal desafió la lluvia y anduvo haciendo un vuelo rasante por el Barrio Villa Española, allí donde el Canario Luna es más grande de Gardel.

— ¿Y cómo lo trató la gente del Villa?

— Fuera de serie.

— ¿Es cierto que el Chueco Perdomo hace las valijas y renuncia mañana, sea cual sea el resultado del partido?

— Es cierto. Los compañeros que trabajan la información, en esta misma edición le brindan un pormenorizado informe de la situación. El Picaflor lo que tiene para usted es una serie de datos que le pasaron unos muchachos — uno de ellos es jugador del club– que según ellos, son la verdadera causal del alejamiento de Perdomo del club.

–Cuente, cuente.

— El panorama financiero de Villa Española, es harto conocido. El mismo Perdomo dijo que era una vergüenza para el fútbol uruguayo que su equipo le hubiera empatado a Peñarol, con las diferencias abismales que existen desde el punto de vista institución.

— Es vox populi que por el empate contra a Peñarol, los jugadores recibieron una recompensa de siete mil dólares.

— ¡No meta el dedo en el ventilador!… Esta es otra historia interesantísima. Como dicen en los pagos de Rocha, es la verdadera madre del borrego. Según le comentaron los muchachos al plumífero, causó gran malestar en el plantel el hecho que ese premio que gente de fuera del club, vinculada a Nacional, reunió para retribuir los dos puntos que le sacaron a Peñarol en el Estadio Centenario, no llegó a sus manos en tiempo y forma.

— ¡Cómo!

La versión que le dieron al plumífero — recuerde que entre los informantes había un jugador del club– es que los siete mil dólares famosos que habían reunido para premiar a los jugadores, se demoraron en el camino… Las circunstancias quisieron que, una persona allegada al cuerpo técnico visitara el complejo de Welcome donde le comentaron cómo había caído en el plantel el premio extra que les habían enviado por interpósita persona y allí saltó la liebre.

— ¿Quién se demoró con la entrega de la guita?

— Sinceramente, al Troquílido no se lo quisieron decir pero se puede presumir que no fue a un don Juan de los Palotes. Ergo, los jugadores se pusieron a investigar y aparentemente, llegaron a la conclusión que no habían actuado de buena fe con ellos. A partir de ese episodio, las aguas de embravecieron más, los jugadores y técnicos entraron a desconfiar de gente muy importante dentro del club lo que, sumado a los atrasos en los pagos de los sueldos, impulsaron la determinación del Chueco Perdomo y sus colaboradores.

— Con el Chueco Perdomo, no juegan. Para él, la palabra sigue siendo un documento.

— Sí señor, el Chueco es un superviviente de la vieja ola, donde la palabra vale más que cualquier documento. Parece que un día el presidente Facello le dijo que estaba por recibir un dinero atrasado de Tenfield S.A. y le iba a entregar un poco de plata a los jugadores y al cuerpo técnico.

— ¿Y?

— Perdomo, enfiló hacia la calle Divina Comedia y fue a hablar directamente con su amigo Gutiérrez para tener una idea de la fecha del pago que Facello le había prometido. Con gran desazón, el Chueco se enteró que Tenfield S.A. no le debía nada a Villa Española y esto fue determinante para que procesara poco a poco la desvinculación del club. Con mucha lástima pero con mucha amargura, porque el Chueco es un hombre agradecido y le hubiera gustado retribuirle a Villa Española, las posibilidades que le brindó para dirigir un equipo profesional. Pero, como el presidente Facello, no le respondió como él esperaba, resolvió hacer las valijas y decir adiós. Con mucha pena, pero con mucho más convicción que su decisión es la que le dicta su conciencia.

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