La facha del Estadio remodelado y la desobediencia violeta

Por CARLOS CARRICA

Las reformas que se le están haciendo al Estadio Centenario, principalmente a sus tribunas, le están dando un toque muy pintoresco a nuestro máximo escenario. Se han colocado asientos de color beige en la Tríbuna América y ya se completó el primer anillo de la Tribuna Olímpica con otros de color amarillo.

Cuando faltaban escasos tres minutos para la finalización del encuentro, se anunció por la red de altvoces del estadio que, por disposición de las autoridades competentes, la parcialidad de Defensor debía permanecer en sus lugares al terminar el partido por un lapso de veinte minutos. Dichas autoridades se olvidaron de taponear las bocas de salida de la Tribuna Colombes, ya que cuando el partido terminó, los parciales violetas se marcharon cantando alegremente sin que nadie les impidiera el paso. De todos modos era una medida innecesaria.

La parcialidad aurinegra alentó de continuo a su equipo pero sus dos picos máximos fueron las ovaciones a Nelson Olveira y Luis Romero. Al Canario lo ovacionó cuando por los altoparlantes se anunció la oncena titular y al Lucho cuando fue llamado por Julio Ribas para ingresar al campo de juego.

El reencuentro de Federico Magallanes con sus ex compañeros estuvo lleno de besos y abrazos.

Al Pelusa, ahora con la camiseta de Defensor, lo saludaron Pacheco, Bengoechea, Cedrés, De Souza, Borjas, De Los Santos y Olveira. La que no quiso saludarlo fue la parcialidad carbonera que, cuando se retiró suplantado, lo despidió bajo una silbatina impresionante.

Las comunicaciones han llegado hasta el propio campo de juego. La novedad de esta fecha fue una cabina telefónica de Antel, de esas que hay por todo Montevideo, ubicada detrás de la publicidad estática en la esquina de las tribunas Olímpica y Colombes. También hay otro teléfono a la salida del vestuario local bajo la Tribuna América.

En el Palco Alto el humo de los habanos inundó a mucha gente. Al parecer no sólo el presidente aurinegro es afín a este tipo de vicio, sino que al parecer algunos hinchas también prefieren estos grandes fasos originarios de Cuba.

Lo cierto es que cuando estos dos peñarolenses encendían uno de estos y lanzaban las primeras bocanadas, el resto de la gente analizaba para dónde iba el viento y buscaba una butaca en la cual quedar a salvo de ese nauseabundo aroma. Estos muchachos se retiraron con el tercer gol violeta y recién ahí volvió el aire puro a ese sector del Estadio Centenario.

 

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