En una tribuna, papel picado y serpentinas; en la otra, "palo y palo" de la Policía
La situación estuvo tensa durante el entretiempo, donde los palos de los policías sobrevolaron –a modo de rebenque– los aires del Viera descargándose en la humanidad de los hinchas que, vaya a saber si por la euforia, el sol o alguna ingesta, estaban totalmente descontrolados.
Ya en el primer tiempo la situación se había comenzado a complicar cuando cayeron algunos proyectiles al campo, pero fundamentalmente apuntando a los policías. Después vino la represión y con bastante dureza de parte de las autoridades.
El mismo Gregorio Pérez –rengueando y todo–fue a pedirles a los hinchas que «pararan la mano» porque el árbitro con gestos parecía que tenía ganas de suspender el partido.
En un momento –en el entretiempo– la tribuna Tito Borjas, poblada por «la Barra de la Amsterdam», quedó vacía en la parte central. Ahí fue cuando la situación se puso más tensa. Pero hay que decir que si bien los hinchas se descontrolaron, los policías reprimiendo no se quedaron atrás. E incluso en el colmo de la provocación un policía con gestos grandilocuentes tiraba una bandera hacia la parte de atrás de la tribuna. ¿Era necesario?
Después, cuando se iba a reanudar el partido, Bengoechea habló con un encargado policial y seguramente le comentó: Mire que en este segundo tiempo en este arco está nuestro golero. ¿Le parece que le van a tirar piedras a nuestro propio arquero? Asunto arreglado. Los hinchas volcieron a ocupar la tribuna. ¿Entonces por qué tanto palo previo?
La brutalidad a la orden del día. Cuando los policías reprimen no ven nada. Parecería que quedan ciegos, porque en la tribuna donde se metieron en el entretiempo había niños que en el borbollón salieron lastimados. Por suerte no hubo que lamentar graves incidentes. Es bueno precisar que también algun policía quedó maltrecho.
Coladera por todos lados. Había que ver a los policías ocupando posiciones estratégicas para impedir que los hinchas se colaran por el lado de la Rural. De todas maneras, hubo algunos que «cuidaban» a los policías, y cuando éstos se descuidaban, se descolgaban del muro y corrían a meterse entre la gente. 1 a 0 los hinchas.
Pero en determinado momento –seguramente obedeciendo una orden– los policías se sacaron la gorra y se «calzaron» los cascos, prontos para la «lucha». Los esperaron contra el muro y como a las «escondidas» fueron descubiertos los «casi colados! 1 a 1, empatan los policías.
El calentamiento de los equipos varió un poco con respecto, por ejemplo, al último partido en el Viera entre estos mismos rivales. Recuerden que el año pasado Peñarol calentó en la cancha, lo que generó problemas. Esta vez lo hizo detrás de la tribuna Jorge Barrios. Wanderers fue al lugar habitual, o sea al Rosedal.
Otra de las cosas que cambiaron con respecto al último enfrentamiento de estos equipos es que Peñarol jugó ayer con medias amarillas. El partido anterior en el Viera lo hizo con el pantalón amarillo.
Con los años llega la mesura en partidos importantes. Cuando los jugadores bohemios volvieron del calentamiento lo hicieron rápidamente y con la ansiedad reflejada en el rostro. Sin embargo lo contrario sucedió con los experientes De Souza y el «Pepe», que lo hicieron tranquilamente y caminando, aunque con la responsabilidad del caso.
¿Notaron que falta uno en la foto? El que se perdió la foto de la formación inicial de los equipos fue Darío Rodríguez, porque mientras los compañeros posaban para los medios de prensa, se fue a cambiar los zapatos.
Y ya que estamos mencionando fotógrafos, debemos señalar que había dos coreanos y también vimos a un periodista. Llegaron para ver en acción a su selección, que juega este miércoles ante la selección uruguaya.
Los hinchas de Wanderers se acordaron de Bengoechea… bueno, de la familia, en varias oportunidades del partido. Cuando el capitán aurinegro abandonó la cancha sustituido, al pasar cerca de los hinchas bohemios que se abalanzaron contra el alambrado, besó la camiseta aurinegra.
Un hincha provocó la angustia de los suplentes de Peñarol. El fanático venía corriendo escapando a la Policía y enfiló hacia el banco de suplentes. Allí se quedó y se generó un borbollón en el que intervinieron hasta los suplentes de Peñarol.
El camerunés Akongo hizo su entrada triunfal en los aurinegros. Cuando ingresó fue aplaudido y cuando terminó el partido, mientras sus compañeros se abrazaban en la mitad del campo, el moreno dio una media vuelta olímpica saludando a los hinchas y besando la camiseta. Obviamente se ganó la hinchada.
«Un escupitajo de novela», podría llevar de título esta apostilla . Cuando los árbitros se retiraban, bajo una lluvia de gritos e insultos, los escupitajos no estuvieron ausentes. Hubo un hincha que se «preparó» y largó uno que fue a impactar en el parietal derecho del línea Climent, que pese a que se lo quiso sacar, igual le quedó prendido.
Había que ver la bronca que tenían los bohemios al terminar el partido. Mientras el presidente Devoto descargaba su enojo con los medios de prensa, otros dirigentes –igual de «calientes»– especulaban con iniciar alguna acción contra el árbitro. *
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