ENFOQUE

Nos quedamos sin ídolos

Son muy pocos los deportistas que en su trayectoria pueden amalgamar un gran talento deportivo y, a su vez, saber aprovechar esa magia para llegarle al gran público. En el basquetbol cada vez son menos los jugadores que tienen esa capacidad y cada vez son menos los que el público adopta como ídolos o como espejos a seguir. En los últimos 20 años se han dado cuatro casos que marcaron ese aspecto que une al jugador con el gran público. Aquel deportista que no sólo es reconocido por su parcialidad, sino que también traspasa esa barrera y es respetado y hasta querido por los adversarios. A eso le agregamos que cualquiera de estos cuatro casos fueron y son jugadores que fueron capaces por sí solos de llevar gente a una cancha para verlos jugar. Cada uno en su momento y con su estilo marcó una época. En la década del 80 se juntaron tres grandes con diferentes características, pero que fueron ídolos, espejos y enormes, en lo que desarrollaron. Carlos Peinado, Horacio «Tato» López y Wilfredo «Fefo» Ruiz fueron los cracks de los 80 y hasta que decidieron abandonar, en los tres casos se puede decir que hasta en forma prematura. Fueron golpes muy grandes para nuestra alicaída competencia. Peinado, el gran capitán, admirado, respetado por su caballerosidad deportiva, por su gran visión de juego, fue el encargado por años de conducir a nuestra selección a grandes logros. Horacio López, el más completo, jugador de toda la cancha, lo difícil, lo hacía fácil, triunfó en Argentina, Brasil e Italia, muchos lo nominan como el más grande de la historia. Su carácter en algún momento le jugó en contra, pero verlo jugar era un regalo para la vista. Por último está Wilfredo Ruiz. Un goleador excepcional. Cuando lo marcaban de a dos o tres jugadores, era cuando más se lucía, rompió todos los récords posibles, ídolo absoluto en Bahía Blanca, considerado en Argentina un monstruo, personalmente mi ídolo en mi juventud. No habrá ninguno igual. Lamentablemente a ninguno se le realizó un justo homenaje para el cierre de su trayectoria, sería bueno organizar un partido en el Cilindro y el mismo quedaría chico.

Capalbo, el último sobreviviente

Sin duda le cambió la mentalidad del juego a nuestro país. Chiquito, pero veloz.

Atrevido, picarón, por momentos fue mágico, un base que en la década del 90 fue considerado el mejor de América por encima del talentoso Milanesio.

No logró internacionalmente cosechar lo que sí pudo en nuestro país, producto de algunas lesiones y también de caer en equipos de bajo nivel.

Tiene gran llegada con la gente, con los niños, es el que mejor se vende en la actualidad, es el último ídolo que queda en vigencia. Este inicio de 2001 no fue bueno para él en la parte deportiva, Welcome no lo contrató, con la Selección fue mayor a menor, no clasificó al Mundial, con Malvín fue creciendo y recuperó parte de sus genialidades hasta que partió a España buscando su revancha internacional.

Existieron y existen jugadores en estos años que fueron importantes, pero no especiales, aquellos que el público adopta, cada vez sucede menos y eso es preocupante.

Lo que más nos duele es que no observamos sucesores con esa capacidad de espaciales, distintos. El basquetbol los necesita, trabajemos para encontrarlos y no quedarnos con estos últimos cuatro recuerdos. *

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