Nadie quiere ser "Judas"

La navidad y el fin de año vienen complicados en cuanto a resolver el tema del técnico de la Selección Nacional.

Hace un mes que clasificamos al Mundial y aún no sabemos quién conducirá los destinos celestes en tan magno evento. La contratación se dilata, por momentos queda la sensación de que se están dando largas al asunto y no se le pone el «cascabel al gato». Mientras tanto, se maneja todo tipo de información, algunas con un alto grado de veracidad, como la que dice que Carlos Bianchi puede ser el sucesor de Púa.

Por otro lado, algunos jugadores opinan y manifiestan que no quieren a Púa como entrenador. Grave error. En este caso los futbolistas no deben dar su versión debido a dos razones fundamentales. Una porque nadie les preguntó y la segunda es porque no son ellos quienes deben designar al hombre para esa función.

Esto está enrabado con la falta de humildad que muestran los jugadores y lo manejamos durante la eliminatoria. El hecho de jugar en Europa parece que les enferma la cabeza y produce amnesia, olvidándose de sus orígenes y de la gente que los ayudó.

Los periodistas lo vivimos cotidianamente, pero estamos acostumbrados y nuestra humildad no nos permite recordarle a cada jugador cuando lo conocimos.

Cuando están en un equipo chico, o en los procesos de juveniles por ejemplo, siempre contaron con periodistas para difundirlos.

Sí, para difundirlos, aclaro porque ahora dicen que no necesitan prensa para vivir, cosa que puede ser cierta. Pues como están en otros países, allí sí son corteses con los periodistas locales. Cometiendo el pecado más grande de cualquier ser humano que triunfó peleando desde abajo, de la nada, y que es olvidarse de la gente que los rodeó y ayudó anímicamente para que triunfara.

Hoy cuando vuelven al país algunos casi ni saludan, otros directamente no lo hacen. Y uno recuerda los momentos cuando recorriendo las canchas muchos de ellos daban sus primeros pasos y la sonrisa y atención al periodista siempre estaban. Realmente me da lástima, pues indudablemente son uruguayos que están «mareados», por más dinero que tengan y crean que ya tienen toda su vida solucionada.

Por supuesto que siempre hay excepciones y muy honrosas. Estas líneas no son para todos, pero cada uno sabe cómo se comporta en la vida. Así que a quien le caiga el sayo que se lo ponga.

Creo además, si bien esta es una opinión personal y está firmada, que muchos colegas la comparten, pues lo hemos conversado.

Y en tal condición se encuentran hoy, que también quieren elegir el técnico. ¡Por favor, muchachos! Dejen eso a la gente que está en el tema y limítense a cumplir su función, que es la que los llenó de dinero. Incluso recordando cuando Púa los llevó a los juveniles y fueron por comida y un viático, que muchas veces demoraron en cobrarlo, pero fueron pues lo necesitaban y jugaron por la camiseta, pues en esos tiempos «era un honor vestir la celeste», según lo que declaraban.

La difícil elección

Por otro lado, es claro que todo esto afectó a Púa, que cuenta con el apoyo del pueblo, pero no con el beneplácito de quienes toman las decisiones y de los jugadores.

Es por esta razón que en estos días tan cargados de religión viene bien aplicar la metáfora de que nadie quiere ser «Judas» y despedir a Víctor Púa para contratar otro técnico. Nadie se anima, pues el precio que pagarán en la opinión del pueblo es muy grande y puede ser un error que traerá graves consecuencias para el futuro.

Entonces, la salida es que se vaya solo, pues no es lo mismo que destituirlo. Para eso, le hicieron grandes propuestas económicas para que luego salga ante la opinión pública a decir que «está cansado» y que ante otras ofertas que asegurarán el futuro de su familia, que es verdad, prefiere dar un paso al costado.

Veremos qué sucede el próximo 3 de enero, cuando vuelva Figueredo, que se reunirá con Púa, para saber su respuesta definitiva. Es una lástima que no siga, pues la gente lo apoya y según sus propias palabras, quería dirigir a Uruguay en el Mundial.

Aunque con el panorama que «pintaron» los jugadores, todo hace prever que sería muy difícil la convivencia en el Mundial y estaríamos repitiendo la historia que ya sufrimos en otras oportunidades y que después fueron públicas.

Otra vez la Selección celeste se encuentra impregnada de problemas que se dan fuera de la cancha, cuando pensábamos que ahora, con la nueva organización, lo del pasado no se repetiría.

Sólo resta esperar que se dé lo mejor para la Selección, pues los uruguayos apoyamos honestamente a la camiseta celeste. *

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