Cómo estamos hoy, eeh…

Después de doce años de pedir pista, la celeste aterriza en un campeonato de fútbol del mundo.

Se puede clasificar haciendo las cosas bien, se puede no clasificar realizando muy mal las cosas, o se puede clasificar o no, haciendo las cosas a la manera de Tenfield. Considerando y no perdiendo la perspectiva de que esto es un juego, por suerte, donde el protagonismo le pertenece exclusivamente a los jugadores, como debe ser, la referida empresa asume un poder desmesurado. Y en vez de fomentar el progreso de nuestro fútbol, fomenta alcahuetes, como cuando aparece el «Gracias Paco», en el tablero electrónico de la Colombes. Que origina una rechifla generalizada, produciendo la única nota discordante en una tarde de fiesta para nuestro deporte.

Un hombre que concreta semejante proyecto, es un hombre completo, no necesita que lo salpiquen de vanidad. Los propósitos de Paco Casal deben apuntar a la excelencia, evitar las discrepancias, hacer de la tolerancia una virtud y ser un punto de referencia para lograr un bloque de unidad. Donde todos formemos una columna compacta, detrás de la celeste, que seguramente ayudará a que en el próximo campeonato mundial no asumamos la figura de simples turistas, todo lo contrario, ofrezcamos un equipo competitivo con reales posibilidades de ser protagonistas como merece la estirpe de semejante camiseta. Desearíamos también, que debajo de la milagrosa camiseta de cada jugador celeste, nos sonría Gardel o Rada, en vez de Bob Marley –quien es merecedor de todos los respetos– poco tiene que ver con la gloriosa.

En este fútbol moderno, donde predomina la capacidad física, originando matices nada agradables para el espectáculo, la tendencia desemboca, en estos planos mediocres de juego, donde no sólo Uruguay sufre las consecuencias.

Al poderoso Brasil, también se le entreveraron los tantos y sufrió igual o más que nosotros. Lo de Argentina fue un capítulo aparte, obtuvo una ventaja desmesurada y fuera de la realidad. No se las llevo de ninguna manera, que nos perdonaron la vida, que nos dieron ventaja para que clasifiquemos, si la pelota que pegó en el palo de Carini la tiraron a propósito, son unos fenómenos. El «Burrito Ortega» en el estadio, frente a Darío Rodríguez y Paolo Montero, no juega más de lo que lo hizo, el pibe Cruz es eso y nada más. Seguramente que con Crespo, Batistuta y Diego Simeone se puede admitir una cierta supremacía, pero de lo que estoy seguro es de que ni Chile, Ecuador, Paraguay y Colombia son más que el celeste, haciendo las cosas más o menos con cierta coherencia. No debemos pasar nunca más por estas angustias de clasificar de los pelos.

Siendo el fútbol la gran tradición deportiva, nuestra herencia y orgullo más notable, recuerdo que el cincuenta marcó notablemente nuestra identidad como uruguayos, en la medida que empujemos todos juntos.

Pero de verdad, no estamos tan lejos, pienso que después de este parto complicado, la intuición me dice que en la próxima competencia mundialista, nos deparará un futuro pleno de calificada realizaciones. *

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