El primer brindis fue en el vestuario
La primera postal del camarín celeste, apenas pudimos ingresar al mismo, marcaba nítidamente el momento que vivía la Selección celeste, que acababa de sellar su pasaje para el primer mundial del siglo.
Familiares directos de los futbolistas, algunos dirigentes y algún que otro hincha, acompañaban a los jugadores en su primer festejo íntimo de la clasificación al Mundial de Corea y Japón, que algunos celebraron con bebidas refrescantes y otros con alguna cerveza bien merecida. Mientras en el camarín auxiliar se producía el festejo celeste, el salteño Gonzalo De Los Santos se asomó a la Platea América en busca de un familiar, ocasión que fue aprovechada para escuchar alguna de sus reflexiones: «La verdad que es una emoción enorme, que quiero compartir con mi gente, primero con mi mujer y mi hija que están en España, que siempre me apoyan en las buenas y en las malas, con mis hermanos, los que están allá y los de acá, con mi madre, y por supuesto esto es también para mi padre que está en el cielo: esto se lo dedicó a él que siempre me apoyó».
El centrocampista que juega en el Valencia agregó: «Hoy me tocó estar en el banco, pero no hay que ser egoísta, porque esto es un grupo, y si hay que hacer algo por el bien del grupo bienvenido sea».
Tremenda alegría
El recinto que hasta ayer fue totalmente inaccesible para los medios de prensa, debido al tremendo operativo de seguridad que se montó en zona de vestuarios cada vez que jugó Uruguay, no pudo librarse de la presencia de algunos medios periodísticos, que evitaron el cerco policial para llegar hasta los jugadores charrúas.
Junto a algunos medios radiales y televisivos, LA REPUBLICA –único medio escrito presente en dicha zona– pudo dialogar con el palmirense Gianni Guigou, quien comentó estar » muy contento por esto, gracias a Dios durante la Eliminatoria pude estar en casi todos los partidos, para poder dar una mano donde el equipo me necesitara; para mí era un sueño», continuó el volante celeste, «llegar a un Mundial y poder jugarlo –espero que pueda hacerlo– es lo máximo.
Ahora pienso en hacer un buen mundial, porque no nos tenemos que conformar sólo con la clasificación; tenemos que conformarnos con hacer un buen Mundial, y así poder cumplir con la confianza que tiene la gente en nosotros».
Dentro del vestuario locatario, el defensa aurinegro Darío Rodríguez brindó una reflexión diferente a la del resto de sus compañeros, cuando comentó: «Ahora uno quiere ir a juntarse con los compañeros, que es con los que ha luchado estos dos años. La mayoría estaba en la cancha, pero debemos recordar a otros que no podían estar por esas cosas del fútbol, a Gustavo Méndez, O’Neill, Varela, Damián Rodríguez y muchos otros, como Cedrés, que siempre los tuvimos presentes en el grupo».
«Lo pedí así»
Por último, uno de los futbolistas que «a último momento» fue incluido en el equipo, el lateral Washington Tais comentó: «Fueron dos años de mucho trabajo y sufrimiento, de muchos momentos buenos y malos, y por suerte tuvimos la recompensa ahora al llegar a esto».
Curiosamente, Tais aseguró haber «pedido» que el partido se diera así exactamente, dentro de la cancha y con Uruguay ganando: «Lo pedí, de verdad lo pedí así, y ahora tengo que pagar la promesa.
Pedí poder jugar y ganar bien, que toda la gente pudiera disfrutar de una tarde así, para darles alegría a tres millones de personas, la verdad que ahora tengo que pagarla».
La promesa del lateral derecho celeste implica «ir a San Cono a llevar la camiseta; con Peñarol, en cada campeonato cuando llegábamos a las finales siempre lo prometía, incluso un día caminé diez kilómetros antes de llegar. Vi que era un buen momento para hacer una promesa, así que ahora tendré que ir a Florida, aunque lo más seguro es que lo haga cuando venga en Navidad, que voy a tener una semana libre prácticamente».
El jugador que actualmente milita en el Betis de Sevilla dijo acerca del apoyo del público que «hubo un momento en que se me caían las lágrimas, porque parecía la Vuelta Ciclista, se te ponía la piel de gallina; eso te motiva, te transmite mucha presión también, pero por suerte sirvió mucho. Víctor se la jugó por mí, y me aguantó cuando todo el mundo me había sacado del equipo»… «ayer (sábado) me enteré que jugaba cuando hicimos el táctico, ya sabía que iba a estar y sabía que tenía que rendir para cumplir con la confianza que se me había dado.» *
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