¡La fiesta que nos llevó al Mundial!

La fiesta del fútbol convoca multitudes y esta vez no fue la excepción. El Estadio estuvo colmado . Al final el público pudo festejar en grande la clasidicación al Mundial que por primera vez contará con todos los campeones .

En los alrededores del Estadio se pudieron ver ómníbus estacionados que demostraban que en el coloso de cemento había gente que vino de todo el país. Seguramente el viaje de regreso a su terruño esta vez debe de haber sido muy placentero.

Nos extraño ver que, pese a la enorme cantidad de gente que concurrió al Estadio, hubiera tantos revendedores en las afueras del Estadio e incluso algunos en Avenida Italia y Centenario. Pero lo que más nos sorprendió fue ver cómo vendían entradas a los remolones de siempre, sin importar pagar el doble que si la hubiese adquirido antes….

El «se pinta a voluntad», ya es una tradición futbolera y no podía faltar a la cita esta vez. Claro que los artistas en esta oportunidad y por tratarse de una fiesta muy especial se llenaron de «moneditas» porque todos querían pintarse …

La seguridad, esta vez, fue superior a la que se ve habitualmente en los partidos de eliminatorias. Seguramente los problemas suscitados en el aeropuerto de Carrasco a la llegada de los visitantes así como las declaraciones posteriores de los australianos, motivaron dicho despliegue.

Precisamente cuando llegó al Estadio el ómnibus que transportaba a los de Oceanía, había que ver el despliegue policial que se realizó para custodiarlos. Parecía un dispositivo de guerra. Incluso la gente que cruzaba para ir a la Amsterdam, debía hacerlo por la vereda de enfrente a la del palco y por detrás de una valla metálica. ¡Muchachos, tampoco era para exagerar de esa forma!

Y ya que estamos con el tema seguridad, hay que hacer notar que antes, durante y después del partido, sobrevoló por la zona del Estadio un helicóptero, lo que dotaba de más seguridad a los concurrentes al Estadio.

La primera gran explosión del público se sintió cuando irrumpió Uruguay (14.45) a realizar el reconocimiento del campo. Antes, cuando salieron los australianos, hubo una gran rechifla desde los cuatro costados del Estadio.

Una vez más y como sucede en cada partido, conjuntos de música tropical alentaron y animaron al público. Pero tenemos que señalar algo que nos pareció fuera de lugar, aunque pueden decirnos que formaba parte del aliento al equipo…

Cuando los australianos estaban realizando los ejercicios precompetitivos en la cancha, L’Autentika estaba actuando, pero en determinado momento arrancaron con el «…y a los australianos, le rompimos el …».

No quedaba muy ético que se diga pero quedaba como parte del show.

Un puñado de australianos se ubicó en la parte superior de la América contra la Colombes y desde allí alentaron a los suyos. Lo que llamó la atención fue verlos con un distintivo con flecos en la cabeza y sin camisa. Si estaban así durante el partido, después deben de haberse calentado más por el resultado. Pero es bueno destacar que al final aplaudieron a los celestes. Sería bueno que algunos de los nuestros se contagiaran de esos hechos.

Algo que llamó la atención fue cuando se entonaron los himnos patrios. Cuatro de los australianos, los primeros contando desde los jueces hacia afuera, cantaron el himno de su país con una mano en el corazón y mirando de frente a la bandera, que no estaba de frente sino prácticamente a un costado.

La fiesta de banderas volvió a ser una novedad. Esta vez la gran bandera con el Charrúa pisando a Brasil y Colombia, que ante Argentina tenía como inscripción una referencia a Diego Maradona, esta vez decía «Orientales, la patria o la tumba», que quizás podría leerse «la clasificación o la muerte».

El portero australiano cada vez que tenía que reponer desde su arco hacía una ceremonia dejando correr los minutos. Claro que su actitud cambió sustancialmente cuando Uruguay le metió el segundo gol.

Un hecho curioso y que no se da frecuentemente. Darío Silva corrió una pelota y en el área australiana se frenó y el australiano que lo venía marcando salió jugando. ¿Qué había pasado?… que el olimareño había escuchado un silbato y pensó que había sido del árbitro.

Los primeros minutos fueron bastante tranquilos de parte de la tribuna, lo que determinó que el olimareño Darío Silva levantara los brazos en señal de aliento, lo que fue captado inmediatamente por la gente.

En algún momento del partido la gente se acordó del técnico Daniel Pasarella y de su familia. El argentino dirigió a la Selección en estas eliminatorias en la primera parte.

De todos modos, Passarella envió un fax desde Italia, donde está dirigiendo, augurando éxitos a los jugadores y cuerpo técnico en este partido. Después de todo él fue parte de esta clasificación.

El lateral Muscat dio fe de lo que se hablaba de él en lo previo, por lo duro en su manera de marcar.

A Regueiro le dio por todos lados, a tal punto que en una oportunidad lo sacó del campo con una herida en la cabeza producto de un pisotón.

Después el celeste ingresó con un vendaje en la cabeza.

Cuando el «Chengue» Morales anotó el segundo (primero de su cosecha personal), salió en loca carrera por la Olímpica en un festejo solitario. Después volvió y se encontró con la amarilla que le sacó el árbitro. ¡Pero qué importaba si ya estábamos rumbo al Mundial!

Ni que hablar cuando convirtió el tercero. Ahí se desató la locura total. El banco de suplentes de los charrúas era una multitud y no se sabía exactamente quiénes estaban pero lo que sí se notaba era una alegría generalizada. Todos fueron a abrazar al «Chengue» y los cuatro árbitros tuvieron duro trabajo para sacar a los fotógrafos y a algún «colado» que se quería meter a la cancha.

Al terminar y con los parlantes «alentando», los jugadores comenzaron a festejar en la cancha metidos en medio de la tristeza de los australianos que se retiraban tristes y alguno con alguna lágrima. El único que no festejó de los jugadores fue Montero, que sonó el pitazo y se fue corriendo a los vestuarios.

Después fue todo alegría, la que se vivió tanto dentro de la cancha como en las tribunas, ya que nadie se movió por varios minutos. Los jugadores recorrieron las cuatro tribunas entre abrazos y en algún momento hasta fueron llevados en andas.

El «Chino» Recoba y Diego Alonso se treparon al travesaño del arco de la Tribuna Colombes y desde allí festejaron con el público. A esa altura había que exteriorizar la alegría de alguna forma.

Víctor Púa al terminar el encuentro tuvo un gesto que no es habitual en él, y que quizás le nació como cosecuencia de tanta bronca acumulada o de los nervios propios del partido. Se quitó el saco e hizo un «corte de manga» (se golpeó con la mano derecha en el antebrazo izquierdo cerca del codo levantando el brazo con el puño cerrado) señalando ¿a la platea?…

Otro que tuvo un gesto fuera de lugar fue el propio «Chino» Recoba, quien en pleno festejo se arrimó a la Platea América y de allí señalando a las cabinas realizó un gesto indicando que «cerraran la boca». Totalmente injustificable y menos en momentos de festejos.¡No es así, «Chino»! *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje