Ecuador desató un añorado festejo
La selección celeste arribó a Quito más tarde de lo previsto. Recién a las 14.05 horas aterrizó el avión Focker de la Armada de Ecuador en el aeropuerto de la capital ecuatoriana. Diez minutos después partía el ómnibus con la custodia de 8 motos policiales rumbo al estadio Atahualpa donde llegaron 14.30, para cinco minutos después, ingresar al campo de juego para reconocer el piso. *
Cuando faltaban 40 minutos para comenzar el encuentro volvieron al campo los tres arqueros celestes Carini, Munúa y Berbia, acompañados por Pablo Lima que no integró el banco de suplentes. Dirigidos por Ladislao Mazurkiewiecz realizaron ejercicios en el arco que en el Centenario sería el de la Colombes, principalmente buscando acostumbrarse a la velocidad y peso de la pelota. *
Más de 40.000 personas ocuparon las instalaciones del estadio Atahualpa que desde muy temprano, casi 5 horas antes, ya estaba repleto. El público coreó permanentemente el grito de guerra impuesto por el técnico Hernán Darío Gómez: «Ecuador sí puede». Al final los ecuatorianos pudieron. *
El ingreso de los equipos al campo de juego se hizo en forma separada y la primera ovación de las tribunas fue para Hernán Darío Gómez.
Luego lo hicieron los futbolistas locales que pasaron casi inadvertidos para el público que le prestaba mayor atención al entrenador colombiano.
El equipo celeste en cambio fue recibido por una «lluvia» de silbidos y algún que otro proyectil. *
En la tribuna un grupo de 20 o 25 uruguayos con camisetas y banderas alentaron permanentemente a la selección uruguaya. Incluso cuando Olivera convirtió el penal y se encontraban en pleno festejo, por parte de los ecuatorianos les fueron arrojadas botellas mientras la policía intentaba protegerlos. *
En el minuto 35´ del primer tiempo fue atendido fuera del campo Alvaro Recoba, fruto de una lesión sufrida luego de pegarle fuerte al piso y a la pelota. El resultado: una venda colocada debajo de su rodilla izquierda que la lució durante el resto del encuentro. *
Cuando el árbitro cobró penal a favor de Uruguay, la tribuna ecuatoriana quedó en silencio luego de haber alentado durante más de 40 minutos en forma constante. A partir de ese momento en el estadio parecía «no volar una mosca». *
El segundo tiempo no mostró mayores emociones para la tribuna hasta que a los 12 minutos todo el estadio estalló en un grito «Aguinaga», «Aguinaga»…., en el preciso momento en que Gómez llamó al experiente volante para que ingresara al campo de juego. A partir de ese momento volvió el aliento de la parcialidad hacia la selección amarilla. *
Durante los noventa minutos del encuentro a ambos entrenadores se los vio acercarse varias veces al borde de la cancha a dar indicaciones a los futbolistas. Tanto Gómez como Púa respetaron las disposiciones y volvieron inmediatamente de dar sus órdenes al lugar que debían ocupar. *
Víctor Púa tomó una pelota que salió del campo por el lateral y no se la devolvió a los alcanzapelotas que estaban en ese sector.
Automáticamente el 4to. árbitro corrió junto al entrenador celeste para solicitarle que esto no volviera a ocurrir a lo que Púa se hacía el distraído. *
Y ya que estamos con el entrenador lo que llamó la atención fue el cambio de indumentaria de Víctor Púa, que dejó el tradicional traje gris oscuro y lo cambió por un equipo deportivo azul. Se ve que no hay cábala en ese sentido porque igualmente rescató un punto de la altura de Quito. *
El gol de Ecuador conseguido por Kaviedes fue largamente festejado.
Todos los integrantes de la selección local que se encontraban en el banco de suplentes ingresaron a la cancha.
Pero también se sumaron los alcanzabalones y algún oficial de la policía. Esto llevó a que el juego se reanudara recién dos minutos después. *
Quizás en otro partido, mientras se hubo suspendido pero en este fue especial. Cuando faltaban apenas dos minutos para el final del partido se apagaron las dos torres de la iluminación que se ubican detrás de la Tribuna Oficial. Sin embargo no fue obstáculo para que el partido continuara en forma normal. *
El final del partido desató la locura en el estadio Atahualpa, con papel picado, banderas, camisetas, brazos al cielo. Nada era suficiente para celebrar la clasificación a un mundial por primera vez.
En la cancha, los jugadores ecuatorianos se abrazaron junto con los integrantes del cuerpo técnico, en tanto desde las tribunas bajaba un solo nombre «Bolillo», «Bolillo», que fue retribuido por el director técnico dando una vuelta olímpica por la pista de atletismo y saludando a cada una de las tribunas del Atahualpa. *
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