Peñarol: con luz amarilla
Ganar, perder, empatar, son, en definitiva, los resultados posibles del fútbol. Y en este fútbol uruguayo, en general, tan parejo en sus fuerzas, tan irregular en sus rendimientos, un accidente deportivo. Porque cualquiera le puede ganar a cualquiera, al menos entre los que integran «el pelotón».
Lo que sucede es que seguimos carentes de idea futbolística. Seguimos jugados a la fuerza y el pelotazo. En esas condiciones todo resulta una adivinanza.
Aun en el caso de Peñarol, cuya expresión futbolística es realmente alarmante. Es más, a priori, Villa Española no podría, no debería poder ni siquiera empatarle al aurinegro.
Un equipo prácticamente sin directiva, un técnico y un plantel librado a la buena de Dios, acumulando carencia tras carencia. Con un presupuesto que rondará los 30.000 dólares, que logró el ascenso con un atraso en los sueldos cercano a los cinco meses.
Sin embargo el Villa no sólo empató sino que como expresión de fútbol pudo y hubiera ganado si Bolón no remata mal el penal que tuvo a disposición.
Lo que es difícil de entender es cómo un equipo como Peñarol no arrasa a una institución con tantos problemas. Baste sólo con comparar presupuestos (Peñarol oscila en los 400.000 dólares mensuales), valor individual de los futbolistas en el mercado de transferencias e infraestructura de trabajo.
Pero el tema fundamental radica en el fútbol que el equipo practica. En la idea que pone en la cancha. Peñarol no juega bien, tampoco tiene la actitud del equipo grande que necesariamente debe ser protagonista. Simplemente acumula hombres de la mitad de la cancha hacia atrás y tira bombas frontales para los punta de turno.
Al fin el desequilibrio le puede llegar exclusivamente por la vía de una inspiración individual. Porque si el fútbol no se arma desde atrás, si los laterales no suben, si los volantes no van por afuera y todo el tránsito se hace por el medio es muy, pero muy difícil.
En un partido puede suceder que el equipo no ande. Una mala tarde la tiene cualquiera. Pero desde que se reanudó la actividad lo de Peñarol no ha tenido variantes, ni en el Apertura, ni en la Libertadores.
Sigue teniendo una hinchada a prueba de todo y de todos. Pero le haría mucho bien a todo el fútbol uruguayo que el equipo empezara por lo menos a intentar jugar bien.
Es cierto que durante años la pelota aérea le permitió, en lo local, ganar todo, casi sin solución de continuidad. Pero ya sabemos lo que sucedió a escala internacional.
Es más, para que Pandiani pueda capitalizar su excepcional capacidad goleadora necesita imprescindiblemente del servicio de Pablo Bengoechea y resulta entonces que, si el volante no juega o no anda, no hay variantes, a excepción de alguna inspiración de Cedrés.
Está claro para mí que si Peñarol quiere repetir el plato deberá, sin duda, modificar su actitud. Como viene, lo de Villa Española se le repite en cualquier momento.
Compartí tu opinión con toda la comunidad