Hoy festeja medio país
Medio país festejará este título (que le dará el derecho a disputar las finales del Uruguayo con Danubio) tanto como haber dejado por el camino al rival de todas las horas, quitándole toda chance de ser el mejor equipo del año.
Hoy, para todos los futboleros de ley, es el gran desafío del año; el último de los colores que lleva en el alma ante el eterno enemigo, al que hay que ganarle siempre. No importa quien llegue mejor o peor, no importa quien juegue o quien falte, hay que ganar o ganar.
Hoy es día de «amarguear» nervioso, queriendo apurar las agujas del reloj, de adelantar la hora de los ravioles, para llegar temprano al Estadio, aunque no haya preliminar, «por las dudas» nada más.
Es la ocasión ideal para «disfrazar» a los gurises, algunos de amarillo y negro, otros de rojo, blanco y azul, para pintarle la cara con esos colores, que vivirán en las banderas, en los gorros, y en todo aquello que sirva para identificarse.
Miles y miles viviéndolo en directo en el Parque Batlle, otros siguiéndolo a través de la televisión o de la radio, y algunos también sufriendo «a ciegas» porque los nervios no le permiten seguirlo al instante. Serán noventa minutos en los que el país se detiene, la calma previa a la locura total, al festejo, a las bocinas y los cánticos que suceden la victoria.
Medio país vivirá la gloria: saltará, bailará, gritará y disfrutará hasta el cansancio, mientras la otra mitad volverá a casa con la cabeza gacha, mordiendo el amargo sabor de la derrota, sabiendo que el año futbolísitico se ha terminado para el club de sus amores.
Hoy es la fiesta máxima del fútbol uruguayo: el clásico. Peñarol y Nacional: uno será campeón, el otro quedará con las manos vacías.
Hoy es día de fiesta. Así queremos que sea. *
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