La oferta de los mejores
Obsesionados por conseguir resultados positivos, perdimos la original idea que teníamos lo orientales de jugar bien al fútbol.
Consecuentemente oímos los disparates de quienes manifiestan que nunca ganamos jugando bien, sin darse cuenta que fueron enterrando los estilos cuando se buscan soluciones momentáneas. Por lo tanto, obtuvieron respuestas inmediatas inconsistentes, carente de los básicos elementales que siempre ostentamos.
En el fútbol más laureado del mundo, donde siempre jugaron los mejores, aparecen en escena estos modernos operadores futbolísticos, que desbaratan cualquier posibilidad ajena a ellos. Como consecuencia juegan los constantes, los internacionales de cuarta que toman los dados y tiran, si viene bárbaro, si no, los que sufren las consecuencias y las postergaciones, –como siempre– son los jugadores locales. Ante el asombro de los veteranos aficionados que preguntan cómo es posible la aparición de los Adalto, Raúl Cardozo, «Gayegol» Ramírez y otros tantos, y para no desentonar, Peñarol que históricamente no cometía estos groseros errores, le pone la Nº 9, del Pepe Sasía, del Lito Silva, de Fernando Morena, del inmenso Oscar Omar Míguez, a este brasileño Adao. Que por lo menos hubiera realizado una pasantía en otro equipo y no la osadía de darle semejante responsabilidad de lucir la más pesada de las camisetas. Sin ninguna misericordia lo exponen a una crueldad manifiesta de una hinchada que no contempla al ser humano, pues su propia naturaleza es ser exitista y resultadista. El nombre de Cristian Castellano supera la lógica expectativa de quienes dicen conocer la jerarquía de un ariete, que con sus goles paga $2.20.
Habría que conocer quien dispone de los derechos federativos del mencionado players, seguramente, que a fuerza de goles empujará la sapiencia del Zar y su entorno, que tanto les cuesta percibir a donde dirigirse para localizar un goleador de raza.
Eso si se prolonga la siesta, pueden pasar de largo a una generación entera. Bregamos por la pluralidad de las oportunidades de los más técnicos y fundamentados. El tiempo es el más cruel de los fiscales en esto del fútbol. Si el cambio no es profundo y repentino, en cinco años, a más tardar, el deterioro técnico no tendrá solución, si la oferta de los mejores no es aceptada. *
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