Mientras se discute en FIFA, las selecciones juntan sus futbolistas
Estamos exactamente a una semana del debut en las eliminatorias y el continente se agita en vísperas de un acontecimiento largamente esperado, que en esta oportunidad se presenta rodeado de dudas, especulaciones, reuniones de dirigentes, etcétera. Todo el mundo quiere sacar ventajas pero otra vez el poder es el que se permite violar acuerdos establecidos hace mucho tiempo en forma unilateral, dictatorial. Eso sucede con los clubes poderosos de Europa, que luego de haber aceptado en un congreso de FIFA ceder a sus futbolistas con 5 días de anticipación a la competencia mundialista, pretendieron que ese lapso se redujera a 48 horas para luego, al parecer y según las informaciones que provienen del viejo continente, «transar» en 72.
Por allá andan dirigentes sudamericanos, entre ellos nuestro presidente de la asociación, Eugenio Figueredo, intentando variar una decisión sin vuelta porque los que la tomaron tienen la sartén por el mango ya que el Grupo de los 14 tiene más fuerza que el propio organismo internacional que debería regir los destinos del balompié en el mundo, y ya sabemos la facultad de «negociador» que tiene Joseph Blatter, sobre todo si hay adversarios importantes que pueden poner en peligro su sillón en FIFA.
Dentro de esas pautas, las distintas selecciones van iniciando sus trabajos de preparación. Las protestan surgieron de la mayoría de los países de esta parte del Atlántico, pero llama la atención el silencio total de la Confederación Brasileña, máxime si tenemos en cuenta que su representativo jugará ya el martes 28 en Bogotá frente a Colombia, un día antes que el resto de los participantes, y de ninguna manera podrá contar antes del domingo con muchos de los cracks que militan en las Ligas de Italia y España. Detrás de ese misterioso silencio uno tiene derecho a pensar que puede haber un gran gato encerrado, que dentro de unas horas tal vez sea dejado en libertad.
Ya expresamos en comentarios anteriores que las instituciones europeas son, junto a los propios jugadores, los más perjudicados con el actual régimen de disputa de las eliminatorias sudamericanas, ya que durante dos años deben entregar a sus futbolistas una vez al mes, con partidos de tremenda exigencia y viajes cansadores a través del océano. Les asiste la razón en eso, pero no en la forma que utilizan para hacerla valer, rompiendo con lo que en su momento habían aceptado.
Mañana comienza el trabajo
Esta noche, luego del partido entre Nacional y Emelec, el seleccionador nacional, Daniel Alberto Passarella, procederá a la designación del núcleo de futbolistas que militan en nuestro medio y a la vez confirmará o no, a los que fueron «reservados» del exterior.
Mañana, en horario matutino, los que juegan en el medio local, y muy probablemente los que vengan de la Argentina –en principio se nominó a Claudio Flores, Diego Alonso y Javier Delgado–, se reunirán para trasladarse de inmediato a la Posta del Lago, en Punta del este, el habitual lugar de concentración de los celestes, para comenzar los trabajos, a los que posteriormente se irán agregando los restantes elementos que militan en clubes extranjeros, a medida que sean liberados por sus respectivos, y ahora muy estrictos «patrones». Se anuncia que el viernes podría arribar Pablo García al no ser utilizado por el Atlético Madrileño en la próxima fecha y que el domingo estaría en Montevideo el resto, estando confirmado en este sentido el retorno de Alvaro Recoba y Gustavo Poyet.
Felizmente –si es que se puede usar ese término en las circunstancias que nos ocupan– no estamos solos en este cúmulo de dificultades. Por el contrario, casi todos los técnicos de nuestros rivales están abocados a juntar (se trata precisamente de eso) sus «repatriados», como pueden, sin saber a ciencia cierta cuándo podrán contar con ellos, y con la seguridad que el tiempo que tendrán para hacer algún trabajo de preparación es prácticamente nulo.
Así está la situación. Mientras tanto, seguimos preguntándonos por qué Brasil estará tan callado.
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