Temporal de fútbol en Maroñas que liquidó a Peñarol
Qué lástima la lluvia, porque «pintaba» para una verdadera fiesta. El temporal que amenazaba desde horas antes del comienzo del partido hizo desistir a muchos de concurrir, que prefirieron verlo por televisión. Truenos, agua y algún relámpago cayeron sobre Jardines apenas Feldman dio comienzo el encuentro.
No se habían acomodado todavía los jugadores en el campo, cuando Romero recibió la pelota por izquierda totalmente solo, enganchó y la metió al área para que llegara Adao y empujara el balón al fondo de la red. Los jugadores danubianos reclamaron posición adelantada que supuestamente no existió. Peñarol sorprendió a su rival en el comienzo y anotó.
A partir de allí los locales tomaron la iniciativa, le imprimieron velocidad a su juego y elaborando buenas jugadas comenzaron a llegar sobre el arco de Berbia. En la mitad de la cancha, Marcelo Sosa se transformó en figura y todo el juego pasaba por sus pies. Ruben Olivera dibujaba con la pelota y era imparable. Incluso con alguna jugada personal, eludiendo rivales como postes, llegó a estar mano a mano con Berbia, pero la definición no fue buena y la pelota se fue por encima del travesaño.
Danubio desató un temporal de fútbol sobre el arco rival y los aurinegros no encontraron la fórmula para hacerlo amainar.
No podía salir de su cancha e incluso intentaba enfriar el encuentro cada vez que un jugador caía e ingresaba la sanidad. La única llegada de Peñarol en la primera parte fue el gol. Tuvo un tiro de esquina a favor, pero la defensa local despejó con comodidad. Después nada más.
Sin embargo los dirigidos por Krasouski crearon cerca de seis posibilidades de gol que se perdieron por centímetros, una atajó Berbia con espectácular tapada y un cabezazo de Olivera pegó en el palo.
Danubio se merecía el empate por el buen juego en todas sus líneas. La defensa jugó un gran partido, Adao no encontraba el balón y Pintos, que suplantó a Romero, lesionado cuando tan sólo transcurrían 20 minutos, tampoco podía ganar.
En la media cancha Sosa y Gulielmone coparon esa zona, Pellegrín por izquierda y Silva por derecha subían constantemente. Da Silva y Risso chocaban con Robert Lima y Bizera, creando peligro pero sin poder definir. Cafú fue el defensa más aplicado, anticipando y saliendo a gran velocidad. Pese al buen juego desplegado, los franjeados no pudieron empatar antes de que finalizara la primera parte.
Se cambiaron los roles: el «chico» parecía Peñarol
Krasouski, paciente y experiente, no se apresuró en los cambios, pese a que el gol del empate no llegaba en la segunda parte. Desde el primer minuto del tiempo complementario fue un aluvión local sobre el arco donde se apostaba la hinchada aurinegra. Peñarol sólo defendía el gol convertido, realizaba lo que tantas veces criticó de los equipos «chicos», cuando convierten un gol en el estadio y lo defienden todos metidos atrás hasta el último minuto. Daba toda la sensación que los roles estaban cambiados. El objetivo era sólo aguantar, pues no mostraba nada que indicara que quería liquidar el partido. En este tiempo llegó con dos tiros de media distancia, uno anulado por posición adelantada y el otro que contuvo Contreras en dos tiempos. Es increíble, pero en todo el partido Peñarol llegó tres veces.
Finalmente el técnico danubiano no esperó más y, faltando 15 minutos, mandó a la cancha a Martín Ojeda, con tanto acierto que fue quien anotó el empate tres minutos después de ingresado.
Pero no quedó allí, pues cuando restaban cinco para el final, escapó nuevamente por la punta izquierda y le puso el centro medido en la cabeza a Risso, que anotó el segundo. Se hizo justicia, pues si alguien merecía ganar el partido era Danubio, incluso el empate hubiese sido injusto con el fútbol desplegado por lo locales.
Peñarol no existió, no fue nada en la cancha, sólo impulsos individuales de algunos jugadores como Canobbio, que terminó agotado, Cedrés y poco más.
Careció de ideas y sólo atinó a defenderse de los golpes incesantes de su rival. Era como una pelea de boxeo, en la cual la paliza era tan grande que a lo único que atina el boxeador que recibe la golpiza es a no caer a la lona. Pero no pudo soportar y finalmente fue knock out de Danubio. Hace pocos días fue humillado por Talleres de Córdoba, ayer recibió un «vinillo» de novela y además perdió.
Danubio hizo lo suyo y aún tiene esperanzas de llegar a una definición de este torneo según los resultados que se den.
Peñarol espera con los dedos cruzados que esta tarde Defensor Sporting le pueda ganar a Nacional y llegar al clásico en una verdadera final por el Clausura. Si los «bolsos» ganan, chau historia y serán los campeones. Por ahora Peñarol sueña con un milagro para esta tarde, nada más, sólo soñar. *
PEÃAROL 1
Julio Ribas.
Adrián Berbia (5)
Luciano Barbosa (7)
Joe Bizera (6)
Robert Lima (7)
Darío Rodríguez (5)
Nicolás Rotundo (5)
Pablo Bengoechea (5)
Gabriel Cedrés (6)
Fabián Canobbio (6)
Luis Romero (5)
Adao Fonseca (5)
DANUBIO 2
Ariel Krasouski.
Jorge Contreras (5)
Eber Moas (6)
Máximo Lucas (7)
Walt Báez (6)
Bruno Silva (6)
Marcelo Sosa (8)
Pablo Gaglianone (7)
César Pellegrín (6)
Ruben Olivera (7)
Ignacio Risso (7)
Ruben Da Silva (5)
EN DANUBIO
Suplentes: Ignacio Bordad, Jadson Viera, Pablo Lima, Bruno Piano.
Cambios: 75′ Martín Ojeda (-) por Bruno Silva, 83′ Rodrigo López (-) por Ruben Da Silva, 87′ Omar Pouso (-) por Ruben Olivera.
EN PEÃAROL
Suplentes: Federico Elduayen, Oscar Aguirregaray, Serafín García, Marcelo De Los Santos.
Cambios: 19′ Alvaro Pintos (5) por Luis Romero, 57′ Leonel Pilipauskas (6) por Joe Bizera, 75′ Jorge Casanova (-) por Fabián Canobbio.
Goles: 3′ José Adao Fonseca (P), 78′ Martín Ojeda (D), 85′ Ignacio Risso (D). Jueces: Saúl Feldman (6), Carlos López e Igor Moreira.Cuarto árbitro: Heber Rodríguez. Tarjeta roja: 89′ Nicolás Rotundo (P).
Tarjetas amarillas: 30′ y 89′ Nicolás Rotundo (P). Cancha: Estadio Jardines del Hipódromo.
Entradas vendidas: 3.850. Público: 5.000 espectadores.
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