El fútbol del reciclaje

Con el retorno de Sabastián Abreu a Nacional se reitera el acierto de quienes creen que esta es la forma de solucionar los problemas por demás complejos que padece nuestro principal deporte.

Pero como le ocurre a los malos imitadores Nacional rodea al minuano con jugadores de treinta y pico.

Cuesta creer que una institución como la del Parque Central, no tenga en sus divisiones formativas un lateral izquierdo, un central o dos volantes que acompañen y se proyecten para tener continuidad y ratificar la titularidad en un conjunto de fuste mundial, como es el club de los Céspedes. Quienes hemos padecido la desazón de sentirnos postergados –ya sea por decisiones caprichosas o por ocasiones fortuitas– nos rebelamos ante estos padecimientos que se reiteran en el tiempo dejando una secuela perniciosa para los noveles jugadores, que sin estímulo, ven postergadas sus aspiraciones de integrar los planteles superiores, porque tienen por delante futbolistas generalmente extranjeros, de una calidad similar o muchas veces inferior. Como conocemos y hasta nos ilusionamos cuando asumieron las nuevas autoridades del club Nacional, esperábamos una rotunda variante de propósitos básicos de conducción a nivel formativo.

Sin embargo, llamativamente se reiteran los errores históricos donde un club, de semejante magnitud como Nacional, recurre a alquilar y no formar sus propios jugadores.

Queremos creer que solamente es un problema de capacidad, donde no existe otra intención aún en el error, que beneficiar al propio club. Descartamos también que en Nacional tengan lugar los que pretenden transformar «carros de manos», en futbolistas de condiciones excepcionales.

La rica historia del club no permite ni tampoco tolera, este desproporcionado afán del uso y abuso de jugadores, técnicos y dirigentes que sucumben, ante el despliegue enorme de dólares, con el que pretenden dominar a su antojo y con muy poco conocimiento, desencadenando esta «cataratas de frustraciones» que parece no tener fin. Bienvenido este sistema de reciclaje futbolístico por el que estamos transitando, que permite disfrutar de jugadores con este estilo tan particular que posee Sebastián Abreu, concitando con su aporte un interés distinto de una afición que se aburre con la «chatez» de los espectáculos que está obligada a presenciar. *

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